Tiempo de siega




O de recoger los frutos que lo mismo da. La piel de Andalucía quemada por el sol está rubia de trigales, tiempo de siega. El campo Rubio de la vega se cree un inmeso mar dorado. Rubio, como el primer apellido del conocido como Miguel Vargas, cantaor morisco de nacimiento y paraeño de adopción que cumpliría 70 años si aquel fatídico 26 de junio de 1996 no le hubiese visto la cara negra a la parca.

Aquel Rubio sigue dando frutos a quién guste del cante grande. Miguel Vargas no era un artista ni un creador, era un cantaor de lo jondo, nada más ni nada menos, un intérprete solemne y serio del genuino cante andaluz. Su sonido recuerda al terruño, al plateado de los olivos y a lo diáfano de la era. Su cante evoca a la verdad limpia y sobria. Hijo de su tiempo, amarró los cantes del Gallina, Pericón, Varea o El Culata en aquellos Liceos flamencos que representaban los Tablaos madrileños en los 70. Se hizo discípulo de Mairena y comulgó con Moreno Galván para dejarnos una pírrica pero apasionante discografía.



El profesor José Cenizo editó un libro "El cante por derecho. Semblanza de Miguel Vargas" con un estudio pormenorizado de sus grabaciones, tanto poética como estilísticamente además de una biografía del cantaor.
Hace unos días, los cantaores José de la Mena y Manuel Castulo participaron en el XV Memorial Miguel Vargas celebrado en "El Cormacal" de Paradas y Trabilitran se une a su recuerdo para que nunca caigan en el olvido los grandiosos registros de este labrador jondo.

Cuando caen las calurosas tardes de junio enmudecen las cigarras y se acelera el aire. En esa hora justa del venteo, mientras se pierde la luz poquito a poco me siento bajo el limonero de mi patio, me bebo soñando el elixir por tientos del maestro Miguel y brindo por su memoria.


Metamorfosis flamenca...de Niño a Pepe.




Hay quien se pregunta que le pasaría al Niño Aznalcóllar durante la guerra civil para reaparecer como Pepe Aznalcóllar y con un cambio radical en su forma de interpretar el cante, una transformación estética que le llevó de alargar los tercios entonados en las nubes a recortar hasta la mínima expresión sus sentidos y emocionantes fandangos.

Aunque no es muy difícil deducir que cantar a los modos de Vallejo desde los 13 años pasa factura al más pintao, y que más que un cambio psicológico o conceptual fue más bien un cambio fisiológico.

José Losada Carballo era el nombre de pila de este cantaor aznalcollero considerado niño prodigio y artista seguidor de las grandes escuelas flamencas de la llamada Opera Flamenca. En su infancia y juventud fue discipulo de Chacón, Pastora, Vallejo o El Carbonerillo debido a las brutales facultades que habitaban en su garganta que le permitían decir el cante por granaínas o malagueñas compitiendo con sus maestros.



La guerra civil sorprende al Niño Aznalcóllar de gira con otra niña, la de La Puebla, y con 24 años de edad. Tras el parón cultural y artístico que acarreó la contienda bélica, Pepe desapareció del panorama jondo y no se incorporó a los escenarios hasta bien entrada la década de los 50.

Pero su voz estaba desprovista de los giros melismáticos de sus comienzos y los tonos se desplomaron sin compasión. Y es en ese preciso instante en el que el artista moldea el cante a su antojo para acomodarlo a sus carencias, le inyecta emoción y lirismo a un fandango que años más tarde, su cuñado Luis Caballero y sobre todo, su majestad Doña Fernanda de Utrera, consolidarían como uno de los estilos más emocionantes, preciosistas y desgarradores de la paleta estilística del fandango.



Cuando se cumple centenario de su nacimiento la Federación de entidades flamencas de Sevilla quiere rendirle honores con un circuito de conferencias y recitales que viajará por toda la provincia sevillana durante los meses de abril, mayo y junio.


La saeta corta de Pastora



Las primeras grabaciones por saetas allá en las primeras décadas del siglo XX nos muestran un estilo ya estructurado pero con mucha menos duración, lo que los aficionados denominan un cante muy cortito. Como en la mayoría de los palos flamencos el alargamiento de los tercios ha sido una constante en el último siglo pero a veces esta ampliación de los melismas junto con los silencios prolongados de los intérpretes provoca una pérdida de emoción que termina por dejar huérfano de sentimiento a este rezo cantado.

Por una parte el mensaje literario es difícil de comprender ya que la ausencia de ligazón entre los tercios provoca el olvido de la letra y por otra al ser un cante sin sujeción rítmica, la curva melódica queda deslavazada entre tanto vacío silencioso. Parece que únicamente se valora la capacidad de aguante del cantaor, la colocación de la voz o la potencia de la misma quedando la emoción en un segundo plano.

El reinado de Pastora sigue vigente y aunque no es mi saetera de cabecera amo su legado hasta la enfermedad, dueña y señora del cante eterno se merece mil honores y una sevillana, por ejemplo la que le canta Estrella Morente:

El viernes santo en Sevilla
la de los peines está en los balcones
ataviá con la mantilla y el pelo lleno de flores
Pastora está en un balcón
la Macarena se para enfrente
se oye un hilillo de voz
un hilillo de voz muy fino
que se quiebra con el aire
y las gitanas se templan
los cirios le bailan el cante

Que esa garganta de oro tenía que estar bendecida
por todos los santos del cielo
lo guardan como un tesoro
y a veces se escucha en el universo

La mejor soleá de Triana jamás cantada.


Esta afirmación categórica además de una osadía es una estupidez solemne, pero si cambiamos en el enunciado “mejor cantada” por “mejor grabada” esta aseveración empieza a ajustarse bastante, bajo mi propio criterio, a una verdad absoluta. También convendría afinar más y cambiar “soleá de Triana” por “soleá del Zurraque” y ya casi hablamos de una afirmación casi irrefutable.

Muchos de ustedes estarán pensando ya en Paco Taranto y su obra maestra “Vela mis sueños” que grabara dentro de un trabajo discográfico para la serie Gong de Moviplay en 1983, y que posteriormente se incluyera en algunas antologías flamencas.
La soleá de Zurraque es mostrada al mundo flamenco a través del Arenero, catalogada como cante payo y falto de hondura, posee una línea melódica de indescriptible belleza con un uso equilibrado de los altos y bajos trianeros que confieren a este estilo un sabor netamente arrabalero de enorme personalidad propia.


En el caso de este cante de Paco Taranto, natural del mismo Zurraque,nos encontramos ante una verdadera obra maestra del flamenco, en la que consigue una ajustada relación entre melodía y compás soleaero, una de las grandes dificultades al ejecutar este estilo trianero históricamente interpretado a nudillos sin acompañamiento de guitarra.

Las facultades técnicas de Francisco Álvarez Martín, Paco Taranto, y el sabor del cante vivido entre los grandes flamencos de triana, Sordillo, Arenero, El Teta o Abadía, dotan a esta soleá del empaque jondo y la categoría flamenca para considerarlo una joya de nuestro arte.

Para colmo, el acompañamiento guitarrístico a dúo entre Paco Cepero y Ricardo Miño es de un gusto exquisito haciendo gala de numerosos recursos técnicos sin restar flamenquería al cante. Sin duda una soleá para el cofre dorado del arte flamenco.

Aquí os dejo el enlace para disfrutarla: http://www.youtube.com/watch?v=Nj9tb-JyLmg

Manuel Mairena, el cantaor sacrificado.(II)




En el año 1968 grabará con la casa Hispavox tres singles dos con título Homónimo “Manuel Mairena” y otro titulado “Mi saeta” con la guitarra de Niño Ricardo que posteriormente se editarán con el nombre de “Lo mejor de Manuel Mairena”.

De su acompañante Manuel Serrapí dice Manuel:
“Niño Ricardo a mí me ayudó muchísimo, porque Ricardo sabía mucho de cante. El disco que grabé con Ricardo, me lo montó él mismo e incluso con letras de él. Si Ricardo no se hubiera muerto, yo habría seguido grabando con él, porque sabía montar letras; Melchor no lo hacía. En aquellos tiempos para mí la mejor guitarra era la de Ricardo; sin embargo la de Melchor no era una gran guitarra pero era la del sonido más gitano que se le podía sacar a las cuerdas. Como le sonaba de gitano la guitarra a Melchor no la sonao a nadie.”

La obra discográfica de Manuel no es muy extensa entre otras cosas por su oposición a grabar en una época en la que las casas comerciales influían mucho en las grabaciones.

En el año 69 edita “La Antorcha del cante” en el 70 “Mi cante” y ya en en 1980 “Con la verdad por delante”. Finalmente publica el Cd “Vía crucis de Manuel Mairena”, trabajo imprescindible en toda discoteca saetera e incluso flamenca, en la que Manuel hace un recorrido por la pasión de Cristo a base de distintos estilos de saetas.

Participa igualmente en los discos “El Mairenismo” junto a su hermano Curro y “La fragua de los Mairena” o en la Magna Antología del Cante Flamenco de Hispavox. Sin olvidar su grabaciones televisivas en Rito y geografía de cante y Puro y Jondo con la guitarra de Antonio Carrión.

Manuel compagina su participación en festivales de verano y peñas flamencas con recitales en el extranjero como Nueva York o Chicago así como la aparición en los grandes eventos como la Bienal de Sevilla.

En la década de los 90 y tras unos años de la desaparición del maestro Antonio Mairena, Manuel se ha convertido en primerísima figura, posiblemente en su etapa de mayor madurez y mejores facultades.
A causa de una delicada enfermedad Manuel Mairena se anuncia última vez como cantaor en el Festival de Cante Jondo Antonio Mairena en el año 2003.


Relación con Antonio




No podemos estudiar la carrera artística de Manuel obviando la relación con su hermano Antonio Mairena, de hecho no existe ninguna entrevista a Manolo en la que no se pregunte por la influencia del maestro Mairena en su arte.
Lo cierto es que Manolo es el hermano del cantaor más importante de la historia, y no digo el mejor cantaor o el de más duende o el más admirado sino el más importante por su influencia en el desarrollo y evolución del cante y no sólo musicalmente hablando sino el concepto y visión de este arte que impuso a mediados del siglo pasado. No podemos olvidar que somos herederos en gran medida de una etapa, llamada de renacimiento o neoclásica, que se materializó en la creación de los festivales y peñas y en la interiorización de un concepto tradicionalista y conservador del arte flamenco que aún sobrevive.



Toda esta corriente la capitanea Antonio Mairena, en esto no cabe discusión, y su parentesco con Manuel pudo haber ayudado a la consagración de éste como gran intérprete pero la continúa e injusta comparación con su hermano ha conducido al olvido de esta gran figura sobre todo desde el comienzo del siglo XXI.



La cuestión sobre la influencia positiva o negativa del parentesco en la carrera de Manuel se resuelve con facilidad si nos preguntamos qué artista hubiera soportado un análisis comparativo continuo entre su obra y la del maestro Mairena. Piensen en cualquier artista contemporáneo o retrocedan en el tiempo hasta la década de los 70 y 80 para encontrar un cantaor que pudiera compararse al maestro Mairena y deduzcan si hubiese o no salido beneficiado.

En parte es el propio Manuel el que se sacrifica al seguir la senda de su hermano conscientemente de que nunca llegará a la altura de éste. Y por otra parte somos los propios aficionados los que hemos sacrificado al artista con la injusta confrontación entre ambos.

A la pregunta ¿Pesa la herencia? Manuel responde: Pesa bastante porque yo he querido que pese. Si yo me hubiera tirado por otros derroteros quizás hubiera pesado menos, pero como he cogido el mismo camino, la misma verea. Yo no me he querido apartar y meterme en otra forma de cantar, en otro aire, en otros cantes, no, yo sigo en el mismo derrotero que Antonio pero sin creer en llegar a la meta. Pienso que siempre me faltará algo.

Además era el cante aprendido en la casa familiar y como le decía su propio hermano acuñando una letra flamenca en relación al parecido interpretativo entre ambos: “Aunque te bañes en el lago del león, no se te quita la mancha, que de mí te salió.”



Si estudiamos el cante de Manolo Mairena de forma objetiva nos encontramos con un enorme cantaor. La colocación de la voz marca de la casa, esa voz de pecho que posibilita la perfecta dicción de los cantes poniendo de relieve la importancia de la relación entre música y letra, el eco gitano, el sonido rico en matices pero con carácter diáfano, la fuerza y recorrido de una voz que le permitía ligar los tercios soleaores de Tomás Pavón y Pastora auténticos maestros junto a su hermano Antonio y su perfecto dominio del compás, convierten a Manuel en un extraordinario intérprete con altas cotas de artista, largo en conocimientos y enciclopédico, que justifican la enorme importancia que durante muchos años tuvo el cantaor mairenero, primerísima figura de los festivales de la baja Andalucía y al que venimos a rescatar del incomprensible olvido al que está sometido.

Manuel Cruz García, Manolo Mairena, puso la voz enjundiada en el cielo para que los sentimientos de los aficionados cabales volaran en busca del cante grande, del cante verdadero.

Quisiera aprovechar la oportunidad para apuntar un episodio personal que tuvo lugar a finales de los 90 y que supuso uno de los momentos más emotivos que personalmente he podido vivir. Durante una noche de feria de Mairena, mi madre aficionada a la copla desde su niñez, incluso llegando participar en algunos espectáculos, me presentó a Manuel. No había pasado unos minutos cuando entre ambos y a duo cantaron la mítica canción que popularizara Doña Concha piqué, “Ojos verdes”, mi madre a los modos de la maestra y Manuel de la forma más gitana que nunca vi atacar un cante provocando el llanto de emoción profunda en mi persona, dejando marcado a fuego en mi alma aquel mágico momento.



Me gustaría terminar con la lectura de un artículo del periódico Sevilla firmado por Faustino Botello, tras un Festival de cante jondo mairenero en el año 1964 en el que hace referencia al nuestro homenajeado resumiendo en pocas palabras la actitud y personalidad de Manuel Cruz García, Manuel Mairena:


Si bueno fue el espectáculo, de afinado y justo programa, en el que lo más vital de lo “jondo” tuvo adecuada expresión, buena fue también la “juerga” espontanea, presentida y surgida “porque sí” que vino después.

Pastora Pavón con la voz herida de madrugada, cortejada por la admiración de un puñado de seguidores en la intimidad de corro, dijo, como ella solo puede, soleares cortas, agudas como puñales; seguiriyas negras; bulerías que producían repeluco…


En nuestra mesa-la de unos pocos amigos- Manolo Mairena-que incompresiblemente queda fuera del festival- nos regaló con la magia estimable de su conocimiento artístico hablándonos de Don Antonio (Chacón), Tomás (Pavón), de Manuel (Torre), de Enrique El Mellizo), y , demostrándonos con un “angel” inimitable, como se canta por derecho, según la ley morena de los gitanos.


Manolo que sabe estar, que es amigo de sus amigos y regala su voz a quien sabe apreciarla, nos puso a todos carne de gallina con unos fandangos largos, con categoría de sinfonía, con unos martinetes broncos, de puro cobre, con unas “arbóreas” acompasadas a pulso de bulerías…¡El delirio!


Muchas gracias.

Manuel Mairena, el cantaor sacrificado.(I)



Aprovechando la concesión de la medalla de Oro de Mairena del Alcor a la figura de Manuel Cruz García, Manuel Mairena, en el próximo Festival de Cante jondo Antonio mairena, me permito la osadía de compartir con vosotros parte de la conferencia que sobre su persona tuve la ocasión de exponer en distintas peñas flamencas de la provincia de Sevilla la pasada primavera. Llenando así el vacío biográfico que Manuel Mairena, uno de los grandes cantaores del pasado medio siglo, tiene en internet.

Manuel Mairena, el cantaor sacrificado.

Manuel Cruz García nace en Mairena del Alcor en la Calle Benardo nº 30 (llamada en tiempos de la dictadura General Moscardó). Hijo del gitano Rafael Cruz Vargas y la castellana o paya, Ángeles García Vanda, matrimonio del que también nacería su hermana Ángeles. Tenemos que recordar que su padre Rafael estuvo casado primeramente con Aurora García Heredia, mujer gitana, matrimonio en el que nacerían entre otros hijos los cantaores Antonio y Francisco.


Manolo Mairena recibe el primer baño de luz allá por el año 1934 y hasta bien entrada la década de los 50 permanecería con sus padres y hermanos en la herrería que regentaba su progenitor.

Así hablaba Manolo de este lugar en una entrevista de Rafael Valera para RNE:

¿Cuál era el ambiente de la fragua de Rafael en tu niñez?

Bastante ardiente. Mi padre era tal aficionado que generalmente había alguna que otra fiesta. Aquello era para vivirlo, porque el flamenco que hacemos nosotros es de convivencia. Después ha habido que ser artista y dedicarse profesionalmente a este arte….Mi padre le montaba espectáculos a Manuel Torre y El Gloria y luego aparecían por allí.


Bajo estas condiciones sociales se va fraguando la figura cantaoras de Manuel que ya desde muy pequeño empieza a cantiñear por saetas…

“…es lo primero que se canta en mi pueblo por ser un pueblo muy saetero. Con trece años conseguí el premio de saetas de Radio Sevilla.”

Aquél primer premio que recibiera de manos del histórico locutor de Radio Sevilla, Rafael Santiesteban le dio cierta fama dentro del mundo cofrade, mundo que siempre estará agradecido al cantaor mairenero por la altura como saetero que llegó a adquirir.

Hay que tener en cuenta que el palo flamenco de la saeta, ese estilo sacro musical a modo de plegarias y rezos flamencos, en aquella década de los 50, conservaba el marchamo de los grandes estilos flamencos y aunque relativamente nuevo era casi obligatorio en los grandes artistas de lo jondo como Manuel Vallejo, Pastora Pabón y Antonio con los que llegó a cantar en la semana de pasión sevillana.




No es de extrañar que con esta escuela Manuel Mairena llegara a ser uno de los mejores intérpretes de saetas de la segunda mitad del siglo XX, añadiendo a los matices y maneras de las saeta jerezana por seguiriya, sus portentosas cualidades cantaoras provistas de enorme fuerza y fuelle, dos cualidades básicas para los cantes de balcón, allá por La Campana de mitad de siglo.

Fínjanse que en año 56, Manolo se saca el carnet de artista con la intención de participar en el I Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, idea que su hermano Antonio se encargó se borrar de su cabeza por creer éste que no estaba lo suficientemente maduro. (22 años)

Eran los tiempos de los tablaos y el menor de los Mairena decide irse al madrileño Corral de la Morería en el que actuaría durante un año, este formato artístico dio de comer a muchos flamencos que por unas razones u otras no contaban para las grandes “troupes” de la ópera flamenca que, debido en parte al movimiento neoclásico que estaba surgiendo, estaba perdiendo fuerza en el panorama flamenco.




Como otros grandes cantaores decide pasar por la Universidad del cante “patrás”, el cante para el baile. Sería en la Academia de Enrique el Cojo, donde Manuel iría adquiriendo los conceptos del ritmo y compás tan necesarios a la hora de interpretar el cante, sin olvidar que era un enamorado del arte de la danza flamenca, al que le gustaba darse una patá o vueltecita como se decía antes. En esta insigne academia acompaña a una extraña pareja con la que recorrerá toda España y Europa, la compuesta por José Udaeta y Susana Audeu , catalán él y suiza ella. Esta peculiar pareja flamenca contaba con el cante de José Mercé y Pepe el de la Matrona, al que sustituye Manuel Mairena.

Participa en el controvertido concurso de la Llave de Oro del Cante a la que su hermano Antonio dotó de la solemnidad e importancia que difícilmente hubiera encontrado en ningún artista de la época. En la entrevista de Rafael Valera que publicó la revista flamenca El Olivo nos narra Manuel su experiencia en Córdoba del 62:

“Aquello fue el descubrimiento, que yo le canté a Farruco y a Carmen Carrera, y a los dos premiaron en el baile. A mí no me dejaron entrar en el concurso y además Antonio no quería pujar con su hermano el más chico…Así que yo canté y no canté con el nombre de Manuel Mairena. Después lo tuvo que decir López Murcia por Radio Nacional; porque canté tan bien, tan bien… ¡Mira hay que decirlo claro! Este hombre es hermano de Antonio Mairena, es Manuel Mairena, no es Manolito Soto.”

Y no le faltaba razón, por suerte conservo la grabación del mítico concurso cordobés en la que se puede disfrutar del monumental cante del Manolo.




Posteriormente marcharía de gira internacional con la compañía de Manuela Vargas, bailora que contó siempre con grandes cantaores para su arte como Fosforito, Naranjito de Triana, Chocolate, Curro Malena o el Beni de Cádiz.

Precisamente estando en Londres con Manuela es solicitado en su pueblo para disputar la Antorcha de Oro del cante, hablamos ya del año 65, de hecho la organización corrió con el gasto del viaje. Como antecedente Manuel había conseguido el Catavino de Plata de Sanlúcar, la Saeta de Sevilla y el premio Tomás Pavón en el concurso Nacional de Córdoba en el que también fueron premiados José Meneses por el premio de Tomás El Nitri y Canalejas por el de Juan Breva, todo en este año

Días más tarde del triunfo de la Antorcha en su pueblo natal deja escrito José Antonio Blázquez en ABC:

Bajo la noche alta de Mairena, en Los Alcores, como un delirio doloroso-el cante es sentimiento-sonó la queja seguiriyera de Manolo

Ahora sí que te llamo
Con fatigas grandes
Porque me veo desamparo
Y sin caló de nadie…

Manuel que no se veía consagrado dejó impreso que “Para ser buen cantaor hay que subir una cuesta muy larga” pero su carrera había tomado un enorme impulso. Tras su actuación comentó: Yo cante para el jurado pero me salieron tan bien las cosas que el público se volvió loco. Es el premio de más valor que he conseguido”

No podemos perder de vista que por aquella época Mairena era el epicentro de lo jondo y triunfar en su Festival significaba licenciarse en cante grande.



Como anécdota me contó su sobrino que tras el festival de aquel año la fiesta duró hasta bien entrada la mañana en la que Manuel entonó por Rafael, el “Yo soy aquel” de forma que se partieron to las tablas de los soberaos maireneros.

A partir de entonces empieza a participar de forma asidua y de la mano de su hermano Antonio en numerosos festivales, el nuevo formato de espectáculo que abanderará la etapa precisamente llamada por los estudiosos y flamencólogos “De los Festivales”.

Llanto por Moraito.



Lágrimas de pena inundan el barrio de Santiago. De un tiempo a esta parte, ¡qué mala estrellita guía a los flamencos! No terminamos de velar a un grande cuando del escenario al cielo nos abandona otro. Si a Terremoto hijo le quedaban cientos de seguiriyas que tirarnos a la cara, a Manuel Moreno Junquera le sobraba compás para seguir regalando una buena temporá.
Nos deja el cuerpecito moraito como un lirio, a compás de tientos camaroneros y sin remedio para nuestros martirios pero con media mueca de alegría en el rostro recordando sus pataitas por bulerías, sus acordes rasgueados a contratiempo que sabían a solera jerezana.
Nació flamenco, entre flamencos y con el sonido gitano enredado entre sus dedos. Gloria al pulgar de Moraito, ¡gloria! Su impronta guitarrística tiene el sello del toque jerezano de Parrilla, y su música conceptual evolucionó sin salirse de su tierra, el mismo toque, pero nuevo.
Toda un dinastía flamenca se concentraba en Manuel que deja en herencia a su hijo, Diego del Morao, que sabrá honrar la clase de su padre y de toda su gente ya que está sobrado de talento y pasado de conocimientos.
Soy un adicto al cante jerezano, al cante que desde hace mucho tiempo acompaña Manuel, a todos los cantaores, a toda Jerez, a todos los adictos. Todo el cante de tu tierra del mismo color, del color morado, del color de la fantasía, de lo sensible, de la magia...tu color, Manuel. Adiós "Moraito".


Cobitos, el cante hecho "Yerbabuena".



El gusto de los aficionados, llamados cabales, y el del gran público suelen caminar por vereas distintas que además llegan a distintos lugares. Por esta razón, entre otras, a lo largo y ancho de la historia de nuestro arte encontramos artistas flamencos que suelen ser más respetados por los primeros que admirados por los segundos.
Lo cierto es que si repasamos la nómina de artistas que con el tiempo son más valorados en la actualidad que en su época, nos encontramos con cantaores de la talla de Tomás Pavón, Juanito Mojama, Pepe el de la Matrona, EL Gallina, Borrico o la misma Anica La Piriñaca. Artistas que únicamente al final de sus vidas, y si los vientos les son favorables, saltan al primer plano del mundo flamenco, más bien dicho, al primer plano profesional.
La mayoría malvivieron por tablaos, fiestas, ventas y colmaos pero los buenos aficionados iban en su busca para disfrutar de lo que siempre se le ha dicho "lo puro", término que prometo no repetir en público para no tener represalias de los nuevos inquisidores del pensamiento flamenco.



Bueno a lo que voy, uno de estos genios trasmisores del arte y puente entre los grandes del flamenco del XIX y XX fue Manuel Celestino Cobos, Cobitos. Nuestro protagonista nace en Jerez en 1896 pero es considerado por todos los flamencos como granadino, ciudad en la que se casó y vivió la mayor parte de su vida tras su paso por Sevilla y Córdoba.
Cantaor desde la cuna, coincidió con históricos de nuestra música como Cojo de Málaga, Niño Genil o Manuel Torre. De su etapa cordobesa conocemos su premio por saetas en 1917, que ya hace tiempo, y además nos cuenta el señor Arrebola que coincidió con él en un teatro en el que participaban además Canalejas de Puerto Real y nuestro Juan Guerra, Cascabel de Mairena, aunque se ganaba la vida en la venta Vargas junto a otros flamencos de la época.
Su relación con Antonio Silva, El Portugués, le sirvió para asimilar el cante de este discípulo de La Parrala, alumna aventajada de Silverio Franconeti uno de los padres del flamenco, convirtiéndose en un magnífico trasmisor de sus cantes. En este apartado pontificio, es decir de puente entre distintas generaciones, hay que destacar su interpretación de los estilos de Frasquito Gálvez Gómez, Yerbabuena, con el que mantuvo una enorme amistad. Además como Frasquito no quiso dejar impresas sus maneras la labor de Cobitos es fundamental para entender el cante granadino.



Su carrera profesional se basó en las reuniones de cabales y recitales en peñas en la ciudad de La Alhambra y, aunque se alzó con numerosos premios como los de La Unión, su perfume lo derramaba entre los que chanelan, regalando dulzura y tradición con la delicadeza de los que hacen de la sensibilidad su mayor virtud.
Desde las cuevas del Sacromonte a la Platería resuena el eco preciosista de un señor flamenco al que le debemos la conservación de algunos estilos y maneras de principios de siglo que encontraron en Cobitos un excelente intérprete.
Se cumple 25 años de su desaparición pero sigue estando presente en la humanidad flamenca. Aquí le tenemos con 86 años peleándose con el fandango de Frasquito Yerbabuena al que le gana la partida buscando las costuras del cante.

Javier Labardón, El Arrebato, señor de la Feria mairenera



El artista sevillano El Arrebato será el encargado de pregonar la más antigua de las ferias españolas. Pero según sus propias palabras el canto de exaltación lo dará Javier Labardón, la persona y no el personaje. Javier es mairenero por elección propia, decidió vivir este pueblo y que su familia se criara entre sus gentes.

Desde hace tres años se organiza un cena de pregoneros, una reunión feriante entre aquellos que hems tenido la suerte de gritar a los cuatro vientos la belleza de la fiesta mayor, de una feria que tiene mucho que ver con la idiosincracia de esta tierra que desde 1441 celebra en el mes más hermoso del año su Feria de Abril.



Una magnífica mesa preparada por nuestra Pili Monanche y su marido Manuel Mauri aguardaba una preciosa velada en la que la feria y el pregón de Javier fueron los protagonistas de la noche. Antonio Casimiro y Eli Sosa como Alcalde y delegada de cultura nos acompañaron a un buen número de pregoneros.

La noche fue pasando entre interesantes conversaciones y anécdotas simpáticas del personal, entre los que destacó el propio Arrebato que demostró porque goza del cariño del gran público.

Bombardeamos a Javier a preguntas referentes a su próximo pregón de las que fue saliendo airoso y dejando entrever la enorme sensibilidad con la que cuenta el cantante, posiblemente su mejor cualidad artística.
Muestras de ánimo y suerte por parte de todos y como no podía ser de otra forma entre tanto feriante junto, cante y baile obligado para todos los asistentes, incluido El Arrebato.



Podría contaros como mi señora madre sacó a pasear la orquesta que anida en su garganta, como "La Pili" dibujó bellas poses flamencas con su baile, como nos emocionó Inma recordando a la pregonera más llorada, Maribel, como Paco se duele por fandangos, como Alejandro demostró su maestría por sevillanas, como Mari Carmen se gusta por tangos, como Solís conserva en su memoria las letras más flamencas del cante por sevillanas, como Mauri nos recordó que estamoos en cuaresma con una sentida saeta, como Reyes peña inundó de gracia el cante de feria, como Bonilla daba enjundia a la conversación, como Amparo demostraba su mairenismo en cada gesto, como Pepe impregnó de alegría la noche o como Domingo demostraba que este pueblo tiene la herencia bien asegurada, pero sería muy largo de contar y para ser sincero estoy algo resacoso, estado que no me explico...las cosas.

La sensación que se alojó en mi mente es que esta 570 Feria de Mairena del Alcor posee un magnífico pregonero deseoso de pasar la reválida para que todos en este pueblo lo consideremos un mairenero más. Suerte, maestro.

Calixto Sánchez y Manuel Mairena, dos flamencos de oro.


Me pongo en contacto con vosotros para informar sobre la concesión de la Medalla de Oro de la Villa de Mairena del Alcor a dos artistas flamencos, Calixto Sánchez Marín y Manuel Cruz García.

Ambos cantaores son merecedores de tan alta distinción, entre otras cosas, por la labor realizada en favor del flamenco con sus respectivas carreras artísticas en las que han llegado a alcanzar altas cotas de calidad y popularidad, formando parte de un elenco de flamencos que han marcado una época. La etapa de los festivales contaba con estos dos cantaores como primerísimas figuras formando, y lo que aún queda, parte viva de la historia de un arte que oficialmente es Bien Cultural Inmaterial de la Humanidad, distinción a la que ellos han contribuido de alguna manera.



Dentro de los actos conmemorativos del 50 aniversario del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena se hará entrega de dicho reconocimiento a estos dos grandes artistas y maireneros.

Además la propuesta de nominar varias calles maireneras con nombres de artistas flamencos, desde Pastora Pavón, Juan Talega o Joaquñin el de la Paula hasta los cantaores locales Manuel Crespo, Antonio Trozo, Diego la Gloria, Hornerito, Cancuna, Curro Mairena y Cascabel, proyectarán la impronta flamenca que conserva este pueblo.
Os adjunto un formulario de adhesión para aquellos que quieran sumarse.

Felicidades a Manuel y Calixto, y a todos los flamencos porque nuestros artistas reciben medallas de oro por hacer uso de la herecia cultural que recibieron de otros tachados de borrachos, delincuentes y sinverguenzas.

Mayte Martín, ten cuidao...que gusta.


Seguro que algunos catalanes rabian de dolor cuando los hijos de su tierra entonan por seguiriyas como si toda Andalucía se encerrara en sus tripas, al igual que muchos sureños se rascan sus complejos de celos, al sentir el cante por toná en voz de un catalán, que da lecciones de jondura en cada nota.

Pero la realidad, es que la furia de los dioses se encarnó en el cuerpo de una gitana de Somorrostro, Carmen Amaya, y el encanto celestial de la música flamenca en su paisano, Miguel Poveda.

Aunque, hoy, quien me arrastra a escribir, tiene cuerpo de mujer, y suena a cante de etiqueta, de clase magistral. María Teresa Martín Cadierno, Mayte Martín, imprime intimismo y buen gusto a todo lo que echa mano. La sensibilidad de su cante hiere con el ansia del amor nuevo pero no mata, sensible pero macho, duele lo justo para disfrutar hasta el infinito.

Es posible que posea una letra demasiado bonita como para escribirnos la tragedia que teme nuestra inconsciencia pero acomoda el alma en el asiento de la dulzura.

El flamenco se convierte en un arte grande cuando incorpora cualquier discurso estético a través de un único lenguaje, en este terreno Mayte engrandece nuestro arte, nuestro cante.

Gaspar, gloria de Utrera



Gaspar Fernández Fernández (1932-2008), sobrino de Perrate, y por tanto, primo de los hijos de la Perrata, Juan Peña "El Lebrijano", Pedro Peña y Tere Peña, está considerado por gran parte de la afición como un cantaor de culto, expresión que se utiliza cuando la admiración y respeto que se le rinde a una persona lo hacen comparable a un ser divino o sagrado.

En cierta manera es así, aunque Gaspar nunca fue un cantaor de masas, o comercial como se definen ahora, de algún modo por propia voluntad del artista, los aficionados que gustan del de Utrera, lo veneran y adoran como un dios flamenco.

Niño prodigio, desde el matadero se lanzó a recorrer el mundo con la compañía juvenil "Ases" que encabezaba Naranjito el de Triana, se asentaría en el Madrid de los 50 para cantar en los tablaos de moda, El Duende, Los canasteros o El Corral de la Morería. De los tiempos de la Alameda se le quedó "la voz partía del hambre", y aunque trabajó para el baile con Pilar López o Carmen Amaya, su tierra tiraba de su cuerpo más que los dineros que el maldito parné.


El pequeño hombre que posa junto a Juan Talega y encima de Melchor era poseedor de una de las voces más grandes del universo flamenco.


En Utrera buscaba la fiesta, los amigos y el cante de reunión, que casaban con su personalidad bohemia y rebelde según expresan los que lo conocieron.

Su cante era valiente, emocional con gran capacidad de trasmisión, el metal de su voz inconfundible y bien ajustada al ritmo, en metro y medio de persona se encerraban los ecos de un pueblo, de una historia. Metales rancios y bravíos, "purasangre" etéreo de sonidos que estremecen las columnas del sentir flamenco.

Pedía el primer billete de avión para Utrera en el momento que sentía que no estaba en su sitio, así se encontrara en Francia, América o Madrid, ahora los aficionados al cante grande sabemos cuál es tu sitio, y te tenemos el billete guardado, en primera para la gloria, la gloria de los flamencos.

Boda de "El Lebrijano", compás de espera.



No hace mucho, escuché una grabación casera que no ha cesado de retumbar en mi mente. El sonido se le robó al aire de los tiempos en los años sesenta, justamente en la boda de Juan Peña "El Lebrijano", boda gitana y boda flamenca.
La familia de los Perrate, tan respetados por los aficionados, congregó a todos los flamencos desde Jerez a Utrera, desde Cádiz a Triana.

El hermano del novio, Pedro Peña, tenía la sonanta afinada para cuando llegara lo inevitable, lo esperado y lo, por suerte, registrado en una de aquellas rollos de cintas enormes que tantas alegrías no han dado a los amantes del cante en directo, el cante de reunión.

Tres grandes de la historia del flamenco se enredaron en el compás de doce tiempos. Tres generaciones distintas floreciendo por bulerías. Tres maestros de maestros parieron los cantes de Lebrija, de Jerez y de Utrera con el soniquete buleaero de los Perrate.



Pastora Pabón, Antonio Cruz y Juan Peña. La Niña de los peines, Antonio Mairena y El Lebrijano, Santísima Trinidad flamenca en busca de la alboreá gitana del cante grande.
Quizás lo más interesante sea la posibilidad de escuchar a Pastora lejos de su discografía de estudio y, aunque, su garganta está cargada de primaveras, los pájaros siguen asomándose por su boca de caramelo, además, los demás reyes cantaores ceden el trono supremo a la reina inmortal sevillana, cosas de gitanos de bien.

Mairena, siempre en el tono de La Niña, interpreta con la majestad y la gitanería del amo de la llave, también se intuyen sus “pataìtas” que `por desgracia se llevara el espacio infinito del momento mágico de la fiesta.




El Lebrijano, flamenco para rabiar, con la estética del maestro Mairena, pero con la personalidad que no podía ocultar ni por entonces. Metal de voz con más quilates que lunares tenía su pañuelo, pañuelo de alegría.

Este documento sonoro se está remasterizando y por mediación de Juan Peña, verá la luz para el disfrute de los aficionados en próximas fechas, y es posible que no resulte muy comercial pero se guardará en el cofre de lo bueno, de lo eterno.
Compás de espera.

La Torre de la Vela no tiene consuelo



El santolio entró por tu puerta, maestro, y la rabia y la pena que gobiernan mi corazón hacen que no vea tan santo ese oleo al que tu le rezabas por tonás.
De seguro fuiste en busca de la estrella que tanto deseabas encontrar, para meterla en tu pecho, que te guiara, esa estrella en la que hace tiempo se convirtió tu persona, esa que guiaba por el fondo de lo jondo a un mundo nuevo, flamenco.

La muerte te ha despachado de la vida, pero tiene la batalla perdida porque la parca nunca podrá llevarse, donde habita el olvido, la obra de un genio. Una obra de luces y sombras, sí de sombras, pero de luces que dejan entrever una nueva dimensión flamenca.

Morente, estás muerto. Como mueren todos los seres de este mundo, pero, Morente, tú existes, tú eres, aún estando muerto, y existirás, y serás eterno. Los hijos, los nietos de la familia flamenca sobrevolarán las ramas de tu cante para entender la cultura andaluza.

La Alhambra ya tiene una nueva leyenda que contar, un león más para su patio, mientras la torre de la vela que te vio nacer, llora lágrimas de bronce con el sonío de su campana y las guitarras de los habichuelas se quejarán por seguiriyas durante océanos de tiempo, al compás del llanto de Granada toda.
Misa flamenca por tu alma y consuelo para los tuyos, descansa en paz, artista.

Escucha un momentito, Enrique



Coge tu sillita y siéntate en frente, maestro, ya sé que no será para otra cosa es pero es que a mi me gusta el verte.
A las sillas de los cabales se les está pudriendo las "neas" de pasar puros tormentos, maestro, tu eco ha calado en nuestro ser para comprender que el sonido del cante púrpura nacía en Granada par nunca fallecer.

¡Cuánto has aportado al arte jondo, Enrique! De la vega de tu garganta fértil no manaba el grito oscuro, sino la melodía celestial, no has vivido de la interpretación sino de la creación, de la búsqueda incesante de la armonía, de los semitonos semieternos. De la aventura amorosa del fondo con la forma, donde se dan a luz las obras maestras.

Morente, tú has sido dominador de lo clásico como sustento de la creación arrolladora y contagiosa. Para los de siempre nos dejaste el quejío chaconiano aromatizado de Aurelio y Pericón, con suaves colores matronianos y gallineros, para los que no nos conformamos, el grito eléctrico de un final griego llamado Omega que busca en el poeta neoyorquino, el surrealismo, la metáfora y la renovación estilística que anidaron en el campanario de tu alma catedral. Llenaste la sinfonía de tu cante de aristas picassianas para influir en una legión de soldados flamencos que vieron en tu obra nuevos mares que navegar, nuevos mundos que cantar.

Ojalá no sea este el omega del maestro, lo que sí es seguro que comienza el alfa de una leyenda contemporánea. Anda Enrique, ponte bueno, haz el favor.

Luz de luna...flamenca



En este caso se puede aplicar la sentencia, que a Tía Juana la del Pipa tanto le gusta interpretar por bulerías por soleá, "estoy loco por saber/si el clavel te hace bonita/o tú bonito al clavel".
Y es que, hay cantes en los que la comunión entre letra y música es total, sin terminar de saber donde radica la belleza que trasmina, si en la letra, en la música o en la interpretación del cantaor, porque no siempre ligan, aunque todos los elementos sean de enorme calidad artística.

El Cabrero de Aznalcóllar se transforma en un puro animal para hacer el cante por bulerías de una composición mixta de dos canciones, Vidala del nombrador (Dávalos) y Luz de luna.
La Vidala(no confundir con vidalita) es una canción folclórica de procedencia argentina, y que suele interpretarse en carnaval allá por la región del Tucamán. La letra le viene de dulce a la filosofía naturalista, incluso ateísta, de José.

La segunda canción, que da título al cante, Luz de luna, es una letra del autor mejicano, Álvaro Carrillo, escrita para un pasillo ecuatoriano, género musical que proviene del vals europeo y que se adapta en Sudamérica con ingredientes criollos. La hicieron popular cantantes como Chavela Vargas o Rocío Dúrcal.
Composición de gran belleza que casa con la vidala perfectamente, y que al cambiar de métrica impone vitalidad y originalidad a estas, ya históricas, bulerías.
Leer despacito y a difrutar del mundo.


Vengo de ronco tambor de la luna
en la memoria del puro animal
soy una astilla de tierra que vuelve
hacia su antigua raíz mineral

Vengo de adentro del hombre dormido
bajo la tierra gredosa y carnal
rama de sangre, florezco en el vino
y el amor bárbaro del carnaval

Yo quiero Luz de Luna,
para mi noche triste,
para pensar divina
la ilusion que me trajiste.
Para sentirte mia...
mia tu, como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna.

Yo siento tus amarras
como garfios, como garras
que se ahogan en la playa
de la farra y el dolor,
y llevo mis cadenas a rastras
en la noche callada,
que sea plenilunada
azul como ninguna,
pues desde que te fuiste
no he tenido luz de luna


Morente, ahora no.


Artistas de la categoría del gran Enrique Morente no deberían abandonarnos nunca. La noticia de su ingreso en la UCI de un hospital madrileño, tras unas complicaciones post-operatorias, tiene al mundo del flamenco con el alma acobardada y con la esperanza de su pronta recuperación como único pensamiento.
Ahora no, Enrique. No es un buen momento para tu partida, el arte flamenco necesita de tu afición, de tu conocimiento, y aunque, no sueles levantar la voz, esa voz, es posiblemente una de las más autorizadas entre tanta confusión, considerado gran maestro para muchos aficionados cabales.
Sin pretenderlo, has creado una corriente estético musical dentro del flamenco basado en conceptos técnicos y éticos, y todo andamiado en una afición sin límites por los cantes flamencos.
Con todas nuestras fuerzas deseamos que el maestro Morente aguate la envestida, que luche por lo que representa en nuestro mundo jondo.
Ánimo y suerte maestro.

Yo no le temo a las olas
Ni a los grandes temporales
Yo le temo a tus ojillos
Cuando dejan de mirarme

Que me toque arrebato
Las campanas del olvido
Venga y apaguen el fuego
Que esta gitana ha encendido

El pequeño reloj. Enrique Morente

Macandé, locura flamenca desde la cuna


La importancia de los pregones, que vociferaban los vendedores ambulantes, tiene su parte de importancia en la creación del flamenco. Fíjense que uno de los más renombrados en la historia de nuestro arte es el que, por pravianas, cantaba un niño gaditano llamado Francisco Gabriel Díaz Fernández, conocido por le sobrenombre de Macandé.

Tanta locura emanaba su cante que él mismo calló en ella, acabando sus días en el manicomio de Cádiz. Nació en 1897 y vivió sólo 50 años. Vendía caramelos liados en estampas de toreros, a los que dedicaba su pregón con reminiscencias asturianas, aunque acababa por bulerías si las estampas eran de futbolistas.

El propio Caracol lo visitaba en el manicomio para robarles los sonidos por fandangos del Macandé flamenco. Lo curioso es que, aún, teniendo poco material fiable sobre la biografía del pobre Gabriel, hace unos días el investigador-artista, José Luís Ortiz Nuevo nos dio a conocer, en su "Eco de la memoria" una noticia publicada en el Diario de Cádiz, allá por el año 1908, que recoge algunas de las aventuras de este romántico personaje. Vaya prendita era nuestro niño Macandé, el artículo no tiene desperdicio. Gracias al maestro Ortiz Nuevo por regalarnos, tantas perlas recogidas de las hemerotecas coralinas de todo el mundo.


Desde hace varios días no parecía por su casa un gitanillo de 8 o 9 años, muy popular en el barrio de Santa María, conocido por Macandé, el que cultiva por cierto con aprovechamiento, el cante flamenco.
Al principio la familia no se alarmó mucho, empezando por buscarlo en la Prevención Civil, donde ya ha estado varias veces; pero por nada malo, según él dice, sino por meterse en juerga.
También pensaron los suyos que pudiera haber ido a cantar a San Fernando o a alguna población comarcana, según había hecho en distintas ocasiones. Pero pasó más de una semana y Macandé no parecía, a pesar de que fue buscado por la policía y la guardia municipal.
El popular artista llegó anoche en la góndola de Algeciras, en la que vino, unas veces en el estribo y otras con los pasajeros, distrayendo a éstos con malagueñas y guajiras.
Hoy ha estado en los establecimientos que suele frecuentar en la calle Nueva contando las peripecias de su odisea. Había marchado a pie por la carretera siguiendo a la sección de Administración Militar que estuvo acampada en Puerta Tierra. Comió rancho con los soldados y con ellos hizo la vida de campamento.
En Algeciras recorrió varios establecimientos buscándose la vida cantando, y cuando sintió la nostalgia del hogar paterno, empezó a caminar por la carretera que ya conocía y hubiera seguido andando hasta Cádiz si no se hubieran apiadado de él, el mayoral de la góndola y algunos pasajeros de la misma.

Manuela Carrasco ya reside en la Calle Alcalá



Uno de los festivales mas interesante de fuera del sur es el que, desde hace 19 años se viene realizando en la capital del reino, el Festival flamenco de Caja Madrid.
Si le echamos un vistazo a las programaciones que cada año componen dicho festival, podemos comprobar lo cuidado y atractivo que resulta para los aficionados madrileños.
Aunque aún no conocemos el programa para el 2011 si hemos sabido el Premio Calle Alcalá que cada edición se otorga a un artista flamenco, que por una u otra razón, tenga relación con Madrid y la promoción de este arte en la propia ciudad.

Este año un jurado compuesto por personalidades de la categoría de, Caballero Bonald, Felix Grande o Manuel Ríos han concedido este prestigioso galardón a la bailaora trianera, Manuela Carrasco.

Una artista integral, con unas formas personalísimas, capaz de bailar en la quietud del tiempo bajo el inexorable paso del espacio mientras te asesina con una mirada negra. Manuela impresiona gravedad, jondura y es merecedora de unirse a la nómina de artistas que ya poseen dicho galardón, Manolo Sanlúcar, Serranito, Chano Lobato, Pilar López, José Mercé o Merche Esmeralda.

Camarón, documental.



El año 1992 ya va quedando lejos. España de moda en el mundo con su Exposición universal y los juegos olímpicos de Barcelona, y el flamenco, de nuevo de luto. El gitano rubio de La Isla, que tenía majareta a medio mundo, se quejaba por última vez a ritmo de tango, palo al que supo incorporarle en vida, el veneno trágico de la queja flamenca, desbaratando su naturaleza hasta convertirla en seguiriya negra a compás binario.
Y aunque su cuerpo esperó hasta julio para quedarse sin alma, su voz, su navaja sonora nos la clavaría en el corazón por última vez en el frío Madrid de Enero.

Válgame Dios
¡Qué alegría tiene to er mundo
y que fatigas tengo yo!

Sería en el colegio mayor San Juan Evangelista cuando acompañado por Tomatito, el dolor de una pálida enfermedad le permitiera mostrarnos el dolor reflejo de su cante flamenco.
Ahora Juan Verdú, José Manuel Gamboa y el propio Tomatito participan en un documental web que se estrenará en diciembre como recuerdo del que sería su 60 cumpleaños. Nos alegra que se acuerden de Camarón por su arte y no con su leyenda.