Metamorfosis flamenca...de Niño a Pepe.




Hay quien se pregunta que le pasaría al Niño Aznalcóllar durante la guerra civil para reaparecer como Pepe Aznalcóllar y con un cambio radical en su forma de interpretar el cante, una transformación estética que le llevó de alargar los tercios entonados en las nubes a recortar hasta la mínima expresión sus sentidos y emocionantes fandangos.

Aunque no es muy difícil deducir que cantar a los modos de Vallejo desde los 13 años pasa factura al más pintao, y que más que un cambio psicológico o conceptual fue más bien un cambio fisiológico.

José Losada Carballo era el nombre de pila de este cantaor aznalcollero considerado niño prodigio y artista seguidor de las grandes escuelas flamencas de la llamada Opera Flamenca. En su infancia y juventud fue discipulo de Chacón, Pastora, Vallejo o El Carbonerillo debido a las brutales facultades que habitaban en su garganta que le permitían decir el cante por granaínas o malagueñas compitiendo con sus maestros.



La guerra civil sorprende al Niño Aznalcóllar de gira con otra niña, la de La Puebla, y con 24 años de edad. Tras el parón cultural y artístico que acarreó la contienda bélica, Pepe desapareció del panorama jondo y no se incorporó a los escenarios hasta bien entrada la década de los 50.

Pero su voz estaba desprovista de los giros melismáticos de sus comienzos y los tonos se desplomaron sin compasión. Y es en ese preciso instante en el que el artista moldea el cante a su antojo para acomodarlo a sus carencias, le inyecta emoción y lirismo a un fandango que años más tarde, su cuñado Luis Caballero y sobre todo, su majestad Doña Fernanda de Utrera, consolidarían como uno de los estilos más emocionantes, preciosistas y desgarradores de la paleta estilística del fandango.



Cuando se cumple centenario de su nacimiento la Federación de entidades flamencas de Sevilla quiere rendirle honores con un circuito de conferencias y recitales que viajará por toda la provincia sevillana durante los meses de abril, mayo y junio.


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