Cobitos, el cante hecho "Yerbabuena".



El gusto de los aficionados, llamados cabales, y el del gran público suelen caminar por vereas distintas que además llegan a distintos lugares. Por esta razón, entre otras, a lo largo y ancho de la historia de nuestro arte encontramos artistas flamencos que suelen ser más respetados por los primeros que admirados por los segundos.
Lo cierto es que si repasamos la nómina de artistas que con el tiempo son más valorados en la actualidad que en su época, nos encontramos con cantaores de la talla de Tomás Pavón, Juanito Mojama, Pepe el de la Matrona, EL Gallina, Borrico o la misma Anica La Piriñaca. Artistas que únicamente al final de sus vidas, y si los vientos les son favorables, saltan al primer plano del mundo flamenco, más bien dicho, al primer plano profesional.
La mayoría malvivieron por tablaos, fiestas, ventas y colmaos pero los buenos aficionados iban en su busca para disfrutar de lo que siempre se le ha dicho "lo puro", término que prometo no repetir en público para no tener represalias de los nuevos inquisidores del pensamiento flamenco.



Bueno a lo que voy, uno de estos genios trasmisores del arte y puente entre los grandes del flamenco del XIX y XX fue Manuel Celestino Cobos, Cobitos. Nuestro protagonista nace en Jerez en 1896 pero es considerado por todos los flamencos como granadino, ciudad en la que se casó y vivió la mayor parte de su vida tras su paso por Sevilla y Córdoba.
Cantaor desde la cuna, coincidió con históricos de nuestra música como Cojo de Málaga, Niño Genil o Manuel Torre. De su etapa cordobesa conocemos su premio por saetas en 1917, que ya hace tiempo, y además nos cuenta el señor Arrebola que coincidió con él en un teatro en el que participaban además Canalejas de Puerto Real y nuestro Juan Guerra, Cascabel de Mairena, aunque se ganaba la vida en la venta Vargas junto a otros flamencos de la época.
Su relación con Antonio Silva, El Portugués, le sirvió para asimilar el cante de este discípulo de La Parrala, alumna aventajada de Silverio Franconeti uno de los padres del flamenco, convirtiéndose en un magnífico trasmisor de sus cantes. En este apartado pontificio, es decir de puente entre distintas generaciones, hay que destacar su interpretación de los estilos de Frasquito Gálvez Gómez, Yerbabuena, con el que mantuvo una enorme amistad. Además como Frasquito no quiso dejar impresas sus maneras la labor de Cobitos es fundamental para entender el cante granadino.



Su carrera profesional se basó en las reuniones de cabales y recitales en peñas en la ciudad de La Alhambra y, aunque se alzó con numerosos premios como los de La Unión, su perfume lo derramaba entre los que chanelan, regalando dulzura y tradición con la delicadeza de los que hacen de la sensibilidad su mayor virtud.
Desde las cuevas del Sacromonte a la Platería resuena el eco preciosista de un señor flamenco al que le debemos la conservación de algunos estilos y maneras de principios de siglo que encontraron en Cobitos un excelente intérprete.
Se cumple 25 años de su desaparición pero sigue estando presente en la humanidad flamenca. Aquí le tenemos con 86 años peleándose con el fandango de Frasquito Yerbabuena al que le gana la partida buscando las costuras del cante.

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