Noche Blanca del Flamenco Córdoba 2014





La noche del pasado sábado, además de la más corta, se convirtió en la más flamenca del año. La responsable, la ciudad de la mezquita, los arcángeles y los toreros valientes, Córdoba La Llana.

Córdoba por séptimo año consecutivo celebra la noche blanca del flamenco con un formato atractivo para el público joven y el turismo en general en la que muchos de los bellos rincones de la ciudad de los plateros se decoran con ritmos de doce tiempos y cadencias andaluzas en las voces de los artistas más mediáticos del momento.

La temperatura resultó más benévola que en ediciones anteriores y contribuyó al extraordinario éxito de público de la séptima noche blanca en la que las calles céntricas se abarrotaron de aficionados con ganas de ver a los grandes divos del arte jondo.

En la enorme Plaza de Las Tendillas no cabía un alma para disfrutar del baile de Sara Baras, decenas de periodistas en el pasillo no dejaban de ametrallar con sus grandes objetivos los desplantes y mudanzas de la internacional bailaora gaditana que no defraudó a la masa incondicional.

Buscamos la mezquita y cruzamos el puente hasta la gala de los premios nacionales de Córdoba en la que participarían Manuel Cástulo, enorme de facultades y genio, el Niño Seve con un recital técnicamente perfecto y delicioso y el baile de Mercedes de Córdoba ante un público que llenaba el idílico espacio de La Calahorra, aún teniendo en cuenta el desastroso sonido soportado.



Corriendo en busca de la Niña Pastori que llegaba con la guitarra de Diego del Morao, de lo más atractivo de la noche, pero donde tuvo que intervenir las fuerzas de seguridad para bloquear las entradas al Patio de Los Naranjos por la enorme asistencia de fans.

Pues nada, hasta la Plaza de La Corredera un inmenso espacio para uno de los cantaores con más tirón entre la joven afición y que traía preparado todo el arsenal de grandes Hits flamencos, Aire, Al alba…Miles de personas coreaban los estribillos en un mega-concierto flamenco con solamente Antonio Higuero a la guitarra, palmas y cajón pero que eran capaces de llenar de sonido el ambiente y llamar la atención del personal para el disfrute del cante.

Tras varias calles de bares repletos y coros de jóvenes aficionados entonando coplas y haciendo compás por bulerías nos fuimos hasta la repleta plaza Jerónimo Páez cuando el reloj marcaba ya las tres y media de la madrugada. Allí esperaba María Toledo con su piano y un espectáculo ajustado a la propuesta cordobesa pero valiente en su concepto, que resultó de lo más artístico de la noche, desde su comienzo por soleá hasta sus recuerdos a Camarón por tangos.

Faltaba la puntilla y el encargado era Diego Carrasco que se presentaba con su gente jerezana, el flamenco más canalla para la hora más canalla, a las cinco de la mañana en La Plaza del Triunfo, entre columnas y el susurro del Guadalquivir que invitaba al encuentro con Morfeo.

Podríamos haber elegido la Plaza del Potro para disfrutar del salvaje Tomás Moreno Romero `Tomasito’, Abades para hacerlo con la escuela de música flamenco-árabe, asistir al homenaje de Paco de Lucía en el Alcázar Viejo o acercarnos hasta San Francisco para sentir el timbre de Francisco José Arcángel con el coro de las nuevas voces búlgaras.



Pero la noche blanca no te permite acaparar todo lo programado hay que elegir y sacrificar escenarios y artistas. Nadie venga a la Noche Blanca a abandonarse a la música ni a los silencios ni al cante profundo, serio y doloroso que define al arte flamenco. A Córdoba se va a disfrutar de una ciudad, de un cielo de estrellas mágicas, de la música para bailar y sonreír para corear y participar de la parte más lúdica y entretenida del arte jondo. La Noche Blanca cordobesa conforma una propuesta de formato contemporáneo afianzada en el mercado artístico-cultural nacional y que representa un extraordinario escaparate al mundo.

LI Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena





El último viernes de agosto tuvo lugar la 51 edición del concurso de concursos, tal como era conocido el de Mairena durante muchas décadas. Cierto es que desde hace años el interés por este certamen ha ido menguando, como por casi todos los concursos, y realmente con alguna proyección mediática quedan el Nacional de Córdoba, la lámpara minera y el de Antonio Mairena. La profesionalización del concursante-cantaor y el mediocre nivel artístico reinante en la actualidad ha contribuido a la depreciación de los mismos pero su importancia sigue siendo vital para la formación y carrera de la nueva generación de cantaores.

Con todo el de Mairena consiguió reunir una más que digna final con artistas consagrados en este mundo con mucho que decirnos y que tenían el deber de valorar en su justa medida un prestigioso jurado compuesto por Fernando López, Antonio Morillo, José Gómez "El Ecijano", Quique Paredes y Luis Heredia "El Polaco".



Manuela Cordero se alzaría con el primer premio Antonio Mairena por soleá y seguiriyas convirtiéndose en la segunda mujer en conseguirlo en la historia tras Nazaret Cala y superando en las tablas del gran auditoria a Juan Antonio Camino y un excelente cantaor como Rubio de Pruna.



El premio Casa del Arte Flamenco lo consiguió Juan Miguel Barquero, sin más.



De las manos del propio Calixto Sánchez recibiría el galardón que lleva su nombre y que ocupan los cantes de Levante y malagueñas Pastora Olivera.



Aun quedaría el premio Manuel Mairena para intérpretes menores de 20 años que se fue a parar a Gines de la mano de Manuel Jesús García.



Por tercer año consecutivo tuve el honor de presentar el histórico concurso mairenero y por esto mismo y formar parte de alguna manera en su organización no quiero entrar en más valoraciones



Cabe destacar la excelente noche que nos regalaron las guitarras de Manuel Herrera, Niño Elías, Antonio Migueles y Antonio Moya.
La Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena rindió justo homenaje a Don Antonio Reina por su labor en favor de la cultura flamenca a través de su cargo como presidente de la Fundación Antonio Mairena o su trabajo como coleccionistas de disco de pizarra.



Al final de la noche y mientras se deliberaba, el espigado gaditano, El Junco, nos regaló una acompasada actuación llena de gracia y flamenquería que remató a compás de bulería gaditana de su propia garganta.



Felicidades a la Casa del Arte Flamenco por seguir en la lucha y poniendo todo la ilusión por engrandecer este magno acontecimiento.
Galería fotográfica. Nacho Vieira

Exitosa Exaltación

Mairena canta por saetas, como Jerez por bulerías, Triana por soleá o Cádiz por alegrías. Así lo dejó escrito Antonio Rincón en su libro "Raices flamencas de Mairena del Alcor" y lo cierto es que, en esa tierra de la campiña sevillana, el canto litúrgico de la saeta entierra sus raíces hasta lo más profundo de su cultura y su historia.


El pasado domingo se llevó a cabo la tradicional Exaltación de la saeta de Mairena del Alcor, que alcanza su edición número 42, y tanto la forma como el fondo de este solemne evento mantiene un nivel de calidad acorde con la importancia de esta música andaluza.






Este año tuvo como protagonista a la saeta marchenera, representada por la escuela de saeta "Señor de la Humildad". Roberto Narváez, director y cantaor, hizo un historico recorrido por la saeta de Marchena, uno de los pocos centros cantaores que mantienen viva las formas más arcaicas de este rezo flamenco. Las voces de Carmen Arrás y Antonio Jesús Lebrón dejaron un gusto exquisito en el paladar de los presentes.




Antes, Don José Manuel Jiménez, exaltó la saeta mairenera con un pregón basado en la saeta como oración y salpicado de vivencias jondas, como su experiencias cantaoras con Antonio Trozo, Juan Guerra "Cascabel" o el propio Antonio Mairena con los que mantuvo una estrecha relación. El Dr. Jiménez, hematologo de la Maestranza sevillana, dejó constancia de sus conocmientos pero sobre todo de su pasión por la saeta.

Mairena propuso en las tablas de un teatro repleto de gente entusiasmada a José de la Mena, Paco Morillo y Antonio Ortega Hijo, representante cada uno de una casa cantaora, que con sus maneras, calidades y cualidades dejaron constancia del extraordinario estado de salud con el que cuenta el cante mairenero y la saeta en estos momentos.





Uno de los momentos más emocionantes de la mañana llegó en el merecido homenaje que la Casa del Arte Flamenco rindió a Don Antonio Morillo, un señor casi octogenario, que sigue en activo como cantaor de saetas y que desde los once años lleva el veneno del arte flamenco metido en las venas al que suma una calidad humana que sirve de ejemplo a todas las generaciones sucesivas.



Una mañana para el recuerdo, la historia musical de Andalucía puesta al servicio de la cultura y del arte, poniendo en valor la esencia de las tradiciones en la catedral de la saeta, Mairena del Alcor.

El valor del sabor.



Cansados andamos los aficionados de escuchar gente cantar bien sin decir nada, cantaores que lo único que exponen es su capacidad vocal, su escala interminable de fuelle infinito que dejan impasible al que chanela de arte. Como si de una competición vasca de levantamiento de piedras se tratara lo cantaores de pecho palomo muestran sus habilidades. Por no hablar de la imitación milimétrica de los cantes clásicos, llegando a desafinar en la misma nota que la grabación de referencia.
Pero por suerte, y como siempre en peligro de extinción, se conservan voces fuera del academicismo, alejados de los circuitos copleros de los divos contemporáneos y que representan una forma esencial de decir el cante.
Es el caso de Mari Peña que junto a su marido Antonio Moya al toque conforman una pareja que como al lince ibérico habría que conservar como parte de la riqueza cultural de una tierra, la andaluza, cada vez menos tierra y menos andaluza.
Los de Utrera llegaron a la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena a calentar la gélida mañana del domingo a base de compás despacito por bulerías y alegre por soleá.
Mari se templa por tonás mostrando desde un principio sus credenciales; el gusto a cambio de las portentosas cualidades de otros.
El cante por tientos se mece en la boca de la Peña camino del tango que sabe a reunión de gitanos cabales.



Se acuerda de la reina de la soleá para dolerse en los cantes de la serneta y los valientes de Juaniquí con las manos en el pecho a puñaos en busca de eso que llamamos sabor, una cualidad que no responde al aprendizaje académico ni a la audición periódica de los cantes, sino a la vivencia personal, a la infancia con soniquete, al aire que respiran los tercios de la soleá en Utrera y en su hermana flamenca, Lebrija, y que no sale de la zona, que se queda entre las columnas de los salesianos, de la fuente vieja y los terrones de las gañanías de la campiña.
Ni la sobreactuación, ni la carencia de facultades restan calidad artística a unas enjundiadas cantiñas de Pinini, de quien si no, en las que Mari y Antonio se hablan, una con el cante y otro con el toque, como dos poetas andaluces que buscan la belleza en el fondo sin importarle la forma, solo en busca del gusto que da el sabor de lo verdadero, de lo auténtico, ahí va...de lo puro!
Reivindican el fandango por soleá como un universo propio, de la gente de Utrera, de las niñas de nombres romanceros, Fernanda y Bernarda. Fandangos a compás, no se puede cantar más flamenco porque cada sílaba reposa en el golpe preciso para que a fuego lento se cocine el mensaje jondo.
El ritmo se acelera lo justo para entrar en el mundo de la bulería, con el aire propio de la tierra, alegría despacita para dar rienda al sentimiento burlesco que antecede al cuplé imprescindible de su gente, a la copla flamenca interpretada con la rabia y el grito jondo como lenguaje expresivo huyendo de la belleza por la belleza y arrimándose al calor que da el lastimero ayeo del canto flamenco.
El calor de lo bueno caló hasta los huesos y es que hay mucha gente que solo canta bien y en la mayoría de las ocasiones esto importa poco, ayer en Mairena Mari Peña y Antonio Moya lo vinieron a demostrar.

No entiendo nada



Desde que apareciera con el mentón afilado tocando por seguiriyas a principios de los años 70, en el tesoro audiovisual Ritos y geografía del cante flamenco, Moraito Chico no había cesado de poner acordes al mejor cante jerezano, y 40 años de flamenco profesional y pasional da para contar con muchos amigos. Otra cosa es que en Madrid, en el Teatro Coliseum, quisieran estar todos aquellos subidos al tren del neo-flamenco, el que vende. Si se pretendiese pagar el caché de todos los que participaron en el homenaje al Morao habría que subir dos puntos más el IRPF a los españolitos para tanta gomina y maquillaje.

La 2 de TVE emitió el pasado fin de semana un amplio resumen de la cita en la que la noche quedó reducida al compás de la bulería.

Los divos del cante se colocaron sus trajes brillantes a juego con sus pelos y nos brindaron un espectáculo por momentos ridículo. El cante salió airoso en contadas ocasiones, como por tonás de Vicente Soto, flamenco, el rabioso grito de El Torta o la elegancia escénica de Poveda. También se reivindicó Marina Heredia y Jesús Méndez que pide un sitito entre la primera fila, pero poco más, bueno el toque de Diego del Morao, al menos lo que se vio por la caja tonta.

Era un homenaje al maestro Morao y los casi 50 artistas que participaron debían dar una pinceladita pero es que algunos dieron un brochazo con el rulo salpicando a los aficionados que gozamos con el arte jondo. Quedó patente el confusionismo al que nos tienen acostumbrados los que abanderan la fusión como motor de creación, como germen de la música jonda, los que tratan el asunto desde un punto de vista mercantil, un negocio lacrado en los papeles con la palabra flamenco pero que poco tiene que ver con la cultura y riqueza del cante.

Eso sí, teatro a rebosar, televisión nacional, guapos y guapas a "tutiplen", toda la prensa de la capital del reino allí reunida, las bambalinas atiborradas de posturitas y eco en todas las páginas web especializadas, pero... ¿y el detalle de cantar flamenco, de dolerse, de doler..?Antes los artistas se peleaban consigo mismo por no perder por salir en victoria en el cante ahora da igual que estés mudo, que desafines hasta molestar, que investes sobre la marcha melodías imposibles, parece más bien que compiten en peinados, desplantes y dientes. Pues si esto es lo mejor del cante contemporáneo yo no entiendo nada.

Exaltación que sabe a gloria



La mañana barruntaba arte. El personal con el cuerpo de cuaresma y hambre de saetas abarrotó el Teatro de la Villa del conocimiento y las ciencias de Mairena del Alcor. Entre el respetable, mucho respetable, aficionados y cantaores como Marcelo Sousa, Juanmi Trozo, Manuel Calero o Manuel Calero, amigos de Manuel Mairena, artista homenajeado como el profesor Carmona, el Doctor Manga o los primos astigitanos. Mucho flamenco con ganas de partirse, aunque sea de forma figurada, la camisa con cante de verdad.
Aromas a incienso y azahar y de fondo las campanas de la iglesia, cuaresma en toda regla.



La clase del maestro Calixto Sánchez impondría una exigencia y nivel artístico a todos los participantes en la trigésimo novena Exaltación de la Saeta de Mairena del Alcor. La lección ilustrada, la interpretación histórica del cante por saeta supo a pestiño y vino dulce. Se preparó una lección sobre la plegaria flamenca y entusiasmó al público con el cante de varios estilos de saetas, entre las que destacó, la saeta antigua de Mairena y el estreno de un estilo atribuido a Fray Diego de Cádiz(1743-1801)rescatada de una antigua partitura que el propio Calixto se ha encargado de musicarla.



José de la Tomasa tiene a Mairena como su lugar de nacimiento artístico, no en vano, se adjudicó varios premios en el Concurso de cante jondo en los años 70. Así que vino a demostrar el respeto y la admiración que le profesa a esta tierra y como no a Manuel Mairena, dos saetas mecidas, apoyadas en la trasmisión y no en la fuerza, dos tesoros de uno de los grandes en este estilo.



Juan Castulo echó en la fragua de los sentimientos los metales preciosos de su garganta, el cante de corazón, pariendo un sonido, en la actualidad, en peligro de extinción en nuestro arte, de ojana ná.



Antonio Ortega triunfó y de qué manera. Midió perfectamente los sonidos y mejor los silencios, tanto por seguiriyas como por tonás cuajó dos enormes saetas a las que les buscó las costuras, las fronteras musicales.



Mercedes Cubero impregnó el ambiente de sevillanía. Otro registro, otra postura, mismo resultado. Con una magnífica afinación y manejo del recorrido nos hizo pensar que el Cachorro aparecería en el escenario, sensibilidad cantaora y artista.



Manuel Castulo busca en los grandes y en los grandes encuentra. Antonio, Manuel Tomás Pavón le sirven para reafirmarse en la senda del cante grande, del flamenco serio y sin concesiones, a lo gordo.



Aroa Cala luchó por no perderse la batalla artística del cante por saetas y en la segunda parte demostró el porqué de su proyección cantaora en este estilo. La fuerza y la potencia de la portuense no restaron matices ni flamenquería a una imponente saeta que cerró una extraordinaria sesión cultural, musical y flamenca anclada en nuestra tradición andaluza.
Un sincero y merecido homenaje en palabras de Antonio Reina sirvió para recordar la figura y la persona de Manuel Cruz García, Manuel Mairena, agravada su enfermedad horas antes del evento. El colofón al acto homenaje lo puso una colosal saeta de Manuel proyectada mediante un emotivo video, un verdadero monumento al cante de balcón que demostraba la categoría de uno de los mejores saeteros de la historia del flamenco.
La catedral del cante por saeta ha sido el titular que Manuel Bohórquez a elegido para su artículo en el Correo de Andalucía, y esta catedral está cimentada en el sentimiento cristiano y la capacidad artística de un pueblo en donde el cante surge de manera espontanea como una forma de situarse en el mundo. Como primer acto de la celebración del 50 aniversario del festival de festivales ha sido todo un acierto.

¡Flamenco en la bienal!


En este inmenso laboratorio en el que se ha convertido la Bienal, y entre tanto experimento seudo-andaluz, se ha colado un espectáculo, esencialmente, flamenco, por no decir puro, palabra tabú en estos tiempos. Desde el eje Utrera-Lebrija llegaban en familia, Pedro Peña, Inés Bacán y Mari Peña al cante. No importó que el chacho del Lebrijano estuviera “rozao” ni los problemas de afinación de los demás. Nos endulzaron el paladar a base de cante vivencial, doméstico y rancio. Desde la toná a las cantiñas de Pinini, con los dorados bajos de Inés, a la cátedra por soleá de Pedro, al romance al golpe de Mari, heredera del sonido de Fernanda y Bernarda, hasta las seguiriyas a compás cantadas para adentro y disparadas como saetas hasta nuestro sentío, hirieron sin compasión. A Pedro Peña hijo cada día le suena mejor la guitarra, complemento perfecto para una reunión de este tipo, conocedor del paño. En el fin de fiesta por bulerías, se bailó solo flamenco y nada más que flamenco. Diego de la Margara, es elegante y fino, y cuando está a gusto, una fuente de gracia y flamenquería, Concha Vargas baila con todo su ser, desde los ojos, marcándose unas pataítas que ni De Jong. No tan negro como la endrina, pero más flamenco que la mitad de lo que llevamos.

Espectáculo: "Negro como la endrina"
Calificación. XXX

El infierno flamenco


Casi completo se hallaba, la noche del jueves, el teatro Lope de Vega para presenciar una visión flamenca de La divina comedia de Dantes.
Concretamente el espectáculo se basa en la primera parte de esta obra maestra de la literatura italiana, el descenso al infierno de Virgilio, representado ora por Arcángel ora por Fernando Romero, acompañado de Virgilio, Miguel Ortega al cante o José Antonio al baile.
Con un austero vestuario y jugando con la perspectiva en el escenario, se escucha el cante por soleá de Triana en la media voz templada del Arcángel que pasa a la seguiriya del Planeta sin acompañamiento y con letras siempre metafóricas, elegidas con mucho acierto, situando al espectador en la trama.
Fernando Romero proyecta su figura de forma animal hacía las butacas, con una coreografía esencialmente contemporánea aderezada de clásico y flamenco con música de violín, vientos o metales pero sin ritmo definido.
Miguel Ortega y Arcángel conversan mediante el cante por bamberas y serranas. El baile de José Antonio le dio empaque a la escena, un infierno flamenco e imaginario cargado de drama y tragedia, y donde se representan los cantaores clásicos de la historia, a través de grabaciones. La guitarra de Diego del Gastor y el cante por bulerías del Perrate para que los bailaores interpreten una hipérbole del baile tradicional o las cantiñas de Bernarda. De nuevo, Arcángel por liviana y Miguel Ortega por soleá, cantaor que debió tener más protagonismo, ya que esta lámpara minera brilla a razón de los metales de su voz, de nuevo seguiriyas. De pronto, la voz majestuosa de Mairena anunciando la pérdida del fondo de la solera del cante gitano, no sé sí como crítica o como elogio por cumplirse lo que vaticinaba, por cierto, no encontraron algún cante del maestro para regalarnos, cosa que sí ocurrió, tras las marianas y el Piyayo de Miguel, con Caracol, por soleá en memoria de los Pavón y tangos, para dar paso a la seguiriya de Vallejo y la soleá de Noriega en la estremecedora voz de El Carbonerillo. Y todavía quedaban, sevillanas bíblicas, cantes de ida y vuelta y el garrotín, para que por último Fernando interprete con fondo metálico su camino al purgatorio. Interesante representación pero con los duendes de “juerga” general llegué a la conclusión que, para cante el “D-antes”.

“Concuerda” para rato.


Sí Javier Molina, el decimonónico tocaor jerezano, levantara la cabeza, se maravillaría del nivel guitarrístico con el que cuenta su tierra. Jerez de la Frontera posee una prometedora cantera, entre otros, Dani Méndez, Diego del Morao, David Lagos y nuestro protagonista, el pasado lunes en el Teatro Alameda, Santiago Lara, un veinteañero capaz de componer e interpretar un flamenco reconocible.

Se abre el telón, y custodiado por seis grandes cuerdas como decorado, Santiago toca por alegrías, conversando con el piano, de Miguel López, las palmas y la percusión, recurriendo a la melodía a base de picados como base de su toque que será la constante de toda la noche. Vestida de blanco aparece Mercedes Ruíz, que por su braceo y expresión corporal recuerda la misma espuma del mar de Cádiz.

En la taranta, el tocaor simplifica la música, no la complica, buscando la belleza estética a través del buen gusto. El sendero de la soleá descubre su impronta jerezana y al paso de la bulería aparecen los rajeos que lo justifican.

Para el viaje por la farruca, de nuevo, el baile de Mercedes Ruíz, ahora varonil. El piano cobra protagonismo en la rumba y la sonanta juega con un estribillo melódico. El toque tiene las ventanas de par en par, quiere gustar, no gustarse, busca el placer inmediato, sin llegar al exhibicionismo.

El Londro se presenta engarzando el oro de la granaína con el marfil de la seguiriya, algo desafortunado.

Todo era reconocible. De los fandangos virtuosos y casi sin solución de continuidad, las manos de Perico Navarro se convierten en dos pinreles que bailan en la perpendicularidad del cajón peruano.

En la soleá por bulerías con recuerdos a vals, la guitarra se queda sorda y casi muda para el cante, ahora si, enduendado de El Londro, se pisa el acelerador y por bulerías, la sonanta jerezana acentúa las notas y compases precisos para lo mejor de la noche, el baile flamenquísimo de Mercedes que no necesita recurrir a otras escuelas de danzas ni a posturas ridículas, ni acrobacias, para parar el tiempo en el espacio de nuestros sentimientos. Bis por tangos con nombre de hija, a base de un prodigioso pulgar. Al final todo concuerda.





Ficha Técnica: “Concuerda” Guitarra: Santiago Lara/Percusión: Perico Navarro/Palmas: Javier Peña/ Cante: Londro/ Piano: Miguel López/ Baile: Mercedes Ruiz.



Calificación: XX

Filón precioso en las minas de Egipto


Se presentó Argentina de azul y negro dispuesta a reivindicarse como el futuro de la voz femenina en el flamenco. Soniquetazo por bulerías para maldecir los ojos verdes en memoria de la Paquera. Se queda sola con las guitarras de “Bolita” y Manuel Parrilla para adormecer a la luna a base de nanas. En este momento ya tengo claro que no es, solamente, un recital de cante sino un espectáculo integral de luces, sonido e imágenes. Se suma la percusión para el cante por abandolaos, estilo que se ciñe a su voz enseñándonos todas sus curvas, melodías valientes que llenan el frasquito de “yerbagüena”.

Sopla el aire de levante, en concreto levantica de Valderrama. José Quevedo nos baja a la mina para buscar perlas a millares, pero ya por cartageneras que Argentina interpreta con jondura y ajustada a la melodía. Sigue afinando en la malagueña y media granaína de Chacón con matices vallejistas, sacrifica la emoción por la fuerza y el alargamiento, que sin embargo gusta al público. Relevo de sonantas, turno de Manuel Parrilla para los cantes por soleá y por seguiriyas. La choquera se transforma en reina gitana para recordar a Caracol y a Rosalía de Triana por soleares haciéndole sitio al cante más moderno, fresco y actual de la noche, unas portentosas seguiriyas de corte clásico empezando por la Triana de los Caganchos para terminar a la luz de Paco.

A partir de aquí se anuncia por medio de “se acabó tanta seriedad” una segunda parte del espectáculo desvinculada de lo escuchado hasta ahora. Aparece una coral, los mágicos palmeros, Bobote y Torombo, la percusión, tres guitarras, los metales, y el bajo. Entre todos, alegrías, tangos, bulerías y rumbas, donde la cantaora onubense suelta las riendas del pura sangre de su garganta que tanto le cuesta domar en ocasiones. Casi dos horas lleva cantando cuando decide homenajear a su tierra paseando por el Andévalo, el personal se rinde ante el esfuerzo y las maneras de Argentina que remata por bulerías de Jerez, las para en Utrera, vuelve a Huelva por fandangos y se queda en Sevilla cantándole a María de la Mercedes por cuplé.

Ficha técnica: Las minas de Egipto. Voz: Argentina/Guitarras: José Quevedo, Manuel Parrilla, Ricardo Rivera/Percusión: José Carrasco/ Coros: Los Me llis, Toñi Nogaredo/Bajo: Dani Arjona/ Metales: Puntas y Julito.

Ficha técnica: XXX

Las peñas en la Bienal


Tras disfrutar del cante jerezano de Mujerez, racial, vivencial y doméstico, cruzo el Guadalquivir hasta el Hotel Triana en busca del flamenco peñero, clásico y estudiado de “4 ases 4”.

El patio de vecinos trianero lleva días engalanado con sus mantones en los balcones para recibir a un público aficionado como no se había visto aún en esta bienal, la mayoría provenientes del encuentro de peñas flamencas de Andalucía que se está celebrando este fin de semana.

Bonela hijo abre una noche dedicada a esos artistas que por más que pasen los años y triunfen concurso tras concurso siguen en un segundo plano artístico, esperando la oportunidad que los sitúe en ese especie de Olimpo reservado a los grandes. Cantes de su tierra, la malagueña con abandolaos que interpretó con soltura y grandes registros, con los mismos que hizo los cantes del Chino, acelerando el ritmo hasta la bulería acompasada y afinada, pero sin bajos que a la postre terminan hiriendo.

Ahora Carmona se presenta en los nombres de Paco Moya al cante y “Peroles” al toque. Voz limpia y natural para la liviana, toná-liviana y el cambio de La Borrico con el maestro Mairena como luz de guía, después la mariana, se hace presente la campiña, las besanas y los linderos a compás de tientos, ahora recuerda al cabrero de Aznalcóllar.



Joselete de Linares tiene fuerza y recorrido en la voz lo que le permite acordarse de Tomás Pavón en la soleá de Alcalá, buscando Jerez y Cádiz, interpretación ajustada y de lo mejor de la noche aunque el cante por bulerías enturbiara su participación, en parte, por un acompañamiento simplón y corto.

Queda el sonido granadino de El Polaco que empezó rememorando a Caracol por medio de la zambra Carcelero y terminó buscando una estrella del mismo Morente, acompañado de piano y la guitarra exacta y limpia de Manuel Herrera. Cuajó la actuación más completa de la noche dejando entrever sus grandes facultades.

Como cierre, el baile de Carmen Ledesma, que llegó arropada por el cante de Mary Peña por tonás, algo deslavazadas, y por bulerías, demostrando que conserva su maestría con el mantón y regalando poses y movimientos con sabor añejo y de auténtica señora.



Ficha Técnica: Cante/ Ganadores del concurso de la confederación de peñas flamencas: Bonela Hijo, Joselete de Linares, Paco Moya y El Polaco.

Artista invitada al baile: Carmen Ledesma.

Calificación: XX

Flamenco, entre oriente y occidente



En el teatro central y con olor a tierra mojada se dio cita, el pasado jueves, gran parte de la élite artística flamenca para presenciar el espectáculo “Alejandría, la mirada oblicua”, entre otros Ortiz Nuevo o Israel Galván, siempre pendientes de las últimas tendencias flamencas. La propuesta, idea de Elena Carrascal, navega entre la danza, el teatro y el flamenco. Precisamente, el hermanamiento entre culturas, la fusión de bailes y músicas, entre occidente y oriente, es la idea central o principal esta obra.

A través de textos clásicos de Plutarco u Homero, se narra la visión de Olimpia, a punto de ser lapidada, sobre la relación con su hijo Alejandro “El Grande” y la propia vida de éste, desde su conquista de Egipto y la fundación de la ciudad de Alejandría, hasta sus relaciones amorosas y de amistad. Un periodo demasiado extenso como tiempo de escena que convierte la obra en una relación de pasajes sin mucha conexión entre sí. La figura de un narrador, Juan José Amador, representando a Casandro , propio conspirador de la muerte de Olimpia, va situando al espectador en el lugar y el momento que se pretende contar. Lo hace a través de cantes flamencos con eco y sonido profundo, utiliza estilos apropiados para la narración como son el romance, la giliana o la trilla, pero se sirve de un vocabulario demasiado alejado de la estética flamenca, con palabras como Oráculo, catástrofe, serpiente u obstáculo que da impresión de impostura.

El baile conforma el núcleo de la obra, representando cada pasaje a base de una coreografía muy trabajada y complicada, metafórica, de difícil entendimiento, bella por momentos y ajustada en naturaleza, emoción y ritmo, a la música. Un esfuerzo titánico, sobre todo el de Juan Carlos Lérida, Alejandro, y basado en la danza clásica, contemporánea, el flamenco y los bailes raciales de oriente. Al igual que la música, en un segundo plano sobre el escenario, que recordaba por momentos los trabajos de Radio Tarifa, con esa “orientalización” musical del propio flamenco, oliendo a especies de la India, China o Turquía.

Quizás no cuento con la sensibilidad y conocimientos necesarios para valorar este tipo de propuestas, pues la densidad de la obra tanto en argumentación como en elementos musicales, teatrales y de expresión corporal hace difícil su comprensión, y a través de éste, su disfrute.

El flamenco, desnaturalizado, solo es un elemento más en este conglomerado, como lenguaje o técnica de base, pero no como arte, ya que no hay hueco para que se cuele la improvisación ni el duende. Con todo me alegré de presenciar este experimento “Tavoriano” que me hizo pensar, cavilar, removiendo mis ideas cumpliendo uno de los principales objetivos del arte.

Puro Niño de Pura


Estaba en casa y como en casa, de negro y rojo y con su amada sonanta de la mano, saluda, aplauso y por granaína. El niño Pura nos llevó hasta el paseo de los Tristes, se escuchaba el Genil, su compás interno, que por momento se hace presente en su toque.

Ahora decide llevarnos al “Patio de los naranjos” por soleá, comienza el mundo onírico del maestro que con cada falseta nos tira un dardo, cada dardo un sentimiento. Alegrías, lo mismo que trasmite en un tema donde todo es lo que parece, cada cosa su nombre, aquí la guitarra canta por cantiñas con la cejilla al dos y 5 dedos funambulescos que provocan la ovación de la noche.

Turno para el acompañamiento a Churumbaque hijo, al que pareció pesarle en un principio el coso sevillano, la soleá. Ya desprovisto de los traidores nervios cuajó 3 fandangos abandolaos que dejaron entrever el enorme futuro de esta lámpara minera, otro cante más y la lía. A la farruca, una semblanza. Ahora Dani, se acompaña del baile para su collage de ritmos siempre volviendo a la matriz del toque galaico-portugués. David Pérez se planta flamenco, alterna fundamentos del clásico y la española con los argumentos flamencos que tiene, pataitas con técnica, gusto y en una línea contemporánea, exquisita y artista.

Buscando las tablas “A piñón” por bulerías, velocidad de vértigo para un virtuoso Niño Pura que se gusta y trasmite, y se acuerda de Camarón, letra del Barrio y sabor a caramelo de menta y limón. Como es costumbre en sus recitales acaba por fandangos, ahora nos lleva a Huelva a base de unos acróbatas picaos que conforman su sello distintivo, técnicamente perfecto, cada nota una gota y lloviendo a mares en su dedicatoria a Curro Romero. Se cae el teatro, muchos minutos de aplausos que culminan en un bis por bulerías.

Ficha técnica:

Guitarra: Niño de Pura, Artista invitado: Churumbaque hijo, Segunda guitarra: Juan Mª Real, Percusión: Agustín Henke, Patricio Cámara, Baile: David Pérez, Palmas: Mª José Alvarez, David Pérez


Calificación: XXX

David Carmona, alumno aventajado


Los aires de la bienal callejean desde el Lope de Vega y el Central hasta las columnas de la Alameda que aún conservan impreso los cantes de Vallejo, La Moreno o Tomás. Allí, en su teatro, se para a escuchar a un niño granadino con pedigrí flamenco. Hay quién piensa que los gitanos tocan la guitarra por generación espontánea. Los que asistimos al concierto de David Carmona disfrutamos de un músico entregado a la composición con más horas de trabajo, estudio y sacrificio que un catedrático. Y hablando de cátedras, David venía de la mano de Manolo Sanlúcar, que hace cinco años lo acogió en su Liceo rural para depositar en él los conceptos, maneras y formas de un sabio jondo. Y se nota.

El pulgar vibra empujado por las cuerdas en la Taranta. Sobrio, solemne. Su mano izquierda baila sobre el diapasón y la derecha por momentos es el diablo mismo, pulsaciones que no buscan la espectacularidad sino el sonido nuevo. Primera lección, concepto global de la composición y no la sucesión de falsetas, bien.

Delgado, serio y joven ataca por soleá, su pie izquierdo, el metrónomo perfecto y la melodía preciosista. Motivo impertinente por bulerías, razón y centro gravitatorio de su recital, al fin sonríe, y remata, un acorde, dos notas, silencio, 7, 8, 9, 10, tacatán. Tirititran, sobre las olas te quiero ver bailar, las olas de Cádiz, claro, en Mi menor. El aprendizaje sanluqueño para unas bulerías armónicas en modo mixolidio que tan buen resultado le diera a su maestro en “Locura de brisa y trino”. Bello pero alejado del carácter festivo y burlesco de este palo. Vamos al clasicismo a través del fandango onubense que sabe a pino y marisma en compás ternario. De nuevo la armonía como base de un tango con naturaleza trágica en la voz dulce y afinada de Carmen Molina, ¡Ay, que dolor! David se relaja y templa a su compañera bajañí en bulerías por soleá, de la Serneta, y El Mellizo a Jerez y remate por bulerías, ya en el escenario la bailaora Patricia Guerrero interpretaba de forma agresiva, violenta sin concesiones a la delicadeza ni a la sensualidad pero trasmitiendo a base contratiempos acompasados y poses de estética asombrosa, es posible que pronto tenga su hueco particular en la bienal.

El concierto de David Carmona con su lenguaje musical, y a través de la boca de su sonanta, nos metió en una cueva del mismo Sacromonte donde imperaba la armonía ante la falseta y la razón ante la ficción.

Calificación: XX

Ficha técnica: Guitarra David Carmona,. Cante: Carmen Molina, Percusión: Agustín Diassera, Baile: Patricia Guerrero.

Bienal de Sevilla: David Carmona



Os cuento. Gracias a Manuel Bohórquez y al Correo de Andalucía voy a cubrir algunos espectáculos de la presente bienal para el decano sevillano, además de varios artículos de opinión, asunto que me causa emoción y cangelo a partes iguales. El respeto que me merecen los lectores de este diario andaluz, uno de los más sensibles al flamenco del panorama, me provoca un sentimiento de responsabilidad enorme, y que espero me ayude a salir airoso de tan importante tarea.

Esta misma noche acudo al Teatro Alameda, donde da comienzo el ciclo "El flamenco que viene" con la presencia del benjamín de los artistas flamencos en esta bienal, David Carmona. Con tan solo 25 años de edad, se presenta con una obra guitarrística compuesta por él mismo y bajo la tutela del Ilustrísimo Señor Don Manuel Sanlúcar, al que se acercan los jóvenes guitarristas como en la antigua Grecia a los sofistas, maestros expertos, y a la casa de campo de éste como un Liceo aristotélico. No hay error posible, joven promesa que pasa por esta singular Academia, se convierte en un músico, que utiliza el leguaje flamenco para engrandecer el universo jondo desde el mismo universo, como el propio Sanlúcar proclama. Juan Carlos Romero o Vicente Amigo crecieron bajo el magisterio de Manuel.



Ahora es el momento del granadino, David Carmona, que durante algún tiempo ha escudado al maestro en sus conciertos y que cuenta con distintos premios guitarrísticos que avalan su talento con la bajañí. Gitano, de familia con tradición flamenca, toca desde los 9 años y no para de buscar, estudiar y formarse para conseguir un hueco como compositor e intérprete, ni que decir tiene que la faceta de acompañamiento surgió al mismo tiempo que jugaba con la sonanta de niño, acompañando a Morenito de Íllora, el Moreno, padre del Cigala o Carmen Fernández, todos familiares de este prometedor guitarrista.

Mañana os contaré lo ocurrido en el Teatro Alameda, en el "David Carmona en concierto".


XLIX Festival nacional de cante jondo "Antonio Mairena"



Desde el año sesenta y dos lleva Mairena trabajando, presumiendo e ilusionado para, de y con el festival de cante jondo que tomara el sobrenombre del artista que más hizo por engrandecer, revalorizar y dignificar el arte flamenco, Antonio Mairena.
Parece ser que algunos errores en sus ideales y creencias valen para minusvalorar al flamenco más flamenco e importante de la historia misma de este arte. Pero la poca memoria de algunos que se subieron al carro, se bajaron, se subieron a otro y así hasta que esto les sea rentable, contrasta con aquellos que no solo saben valorar la obra cantaora inmensa del maestro sino que reconocen su protagonismo en el devenir positivo del mundo jondo.
Y por supuesto, su pueblo, su festival, y a pesar de las circunstancias, imita sus valores artísticos y morales.
En su cuarenta y nueve edición el Festival de cante jondo Antonio Mairena se completó con éxito de público y arte.



Antonio Ortega hijo se templó cuando aún el público estaba frío, la malagueña con cantes abandolaos, los tientos y la seguiriya pusieron de manifiesto que el de Mairena está sobrado de facultades y conocimientos pero no encontró los matices que pusieran al personal caliente, remató con un fandangazo a capela que absorvieron las 2.500 butacas que se dieron cita en la casa palacio. Manuel Herrera lo acompañó de forma sublime sin restar protagonismo al cantaor aún arrancando aplausos de los presentes.



El propio Herrera se sentó a la izquierda de Manuel Domínguez "Castulo" para empezar por bulerías para escuchar, a las que siguieron unas alegrías basadas en Juanito Villar que descubrieron la gracia flamenca del serio cantaor mairenero. Terminó con la soleá de Charamusco interpretada de manera rancia y cabal, despacito como se hacen las cosas con gusto. Sigue creciendo.
Antes del descanso el tradicional homenaje, otorgado en esta ocasión a dos entidades que, no solo este año, invierten sus caudales en una cita señera y que supo agradecer en tiempos extraños, su fidelidad flamenca, la diputación provicial de Sevilla y Cajasol, con los señores Villalobos y Pulido a la cabeza.








Rafael Campallo fue para muchos una revelación, para otros una confirmación del buen hacer en el baile. En tan poca estatura física no se puede encerrar más compás y estética flamenca. Sus juegos a contratiempo y movimientos viriles, demostraron que el baile pude emocionar sin recurrir a la extravagancia ni al afeminamiento, solo desplantes machos y juego con los tiempos rítmicos que marcan la danza flamenca.



Y para colmo, el colmo del saber ser artista, consciente y educado, inteligente y talentoso, cualidades y recursos, todo encerrado en una personita catalana que vuelve macandé a todo el que lo escuha y lo ve cantar, Miguel Poveda.
El cante de fragua para encender la chispa, ligando tercios, silencio en los silencios. Pasa Chicuelo. Pasa Grilo, pasa Cantarote, entra tú también con el cajón, Paquito. La malagueña con abandolaos. Las cantiñas, ole. No hay sílaba de su boca que no entre al tiempo que Miguel quiere y pide el cante salinero. Un poquito por seguiriyas, cumplo. El Charamusco, que ya lo han hecho, pero lo traía para el maestro a mi manera y en homenaje suyo. Estamos calientes pero hay que hervir, me quedo en camisa de chorreras y me hacéis soniquete por bulerías de Utrera, pero acentuándome los golpes para poder meter tercios de seguiriyas, taranto, malagueña, el martinete y volvemos a Utrera que vengo vendiendo ollas y cazuelas.



Los fanáticos, a morir, los aficionados al cante, a disfrutar de un magnífico artista que sabe lo que canta, y canta lo que sabe cuando quiere. Como la liviana que la cambió por los "tres puñales" que algun@s le pedían. Quería respetar y hacerse respetar. Y todo el mundo contento para su casa o para la barra.
Conclusión; victoria en extremis de un festival, que a priori, no cumplía con la historia y que terminó siendo un formidable evento. En verdad, este paso atrás ha servido para coger impulso.
Por cierto, los que no fallamos, echamos en falta la cuarenta y nueve ronda de tonás como cierre del día grande, la "innovación o evolución" no tiene porque estar reñida con la tradición.