Una estrella chiquetita pero firme. 20 años sin Camarón.
¡Qué duende ni duende!
La saeta corta de Pastora

Las primeras grabaciones por saetas allá en las primeras décadas del siglo XX nos muestran un estilo ya estructurado pero con mucha menos duración, lo que los aficionados denominan un cante muy cortito. Como en la mayoría de los palos flamencos el alargamiento de los tercios ha sido una constante en el último siglo pero a veces esta ampliación de los melismas junto con los silencios prolongados de los intérpretes provoca una pérdida de emoción que termina por dejar huérfano de sentimiento a este rezo cantado.
Por una parte el mensaje literario es difícil de comprender ya que la ausencia de ligazón entre los tercios provoca el olvido de la letra y por otra al ser un cante sin sujeción rítmica, la curva melódica queda deslavazada entre tanto vacío silencioso. Parece que únicamente se valora la capacidad de aguante del cantaor, la colocación de la voz o la potencia de la misma quedando la emoción en un segundo plano.
El reinado de Pastora sigue vigente y aunque no es mi saetera de cabecera amo su legado hasta la enfermedad, dueña y señora del cante eterno se merece mil honores y una sevillana, por ejemplo la que le canta Estrella Morente:
El viernes santo en Sevilla
la de los peines está en los balcones
ataviá con la mantilla y el pelo lleno de flores
Pastora está en un balcón
la Macarena se para enfrente
se oye un hilillo de voz
un hilillo de voz muy fino
que se quiebra con el aire
y las gitanas se templan
los cirios le bailan el cante
Que esa garganta de oro tenía que estar bendecida
por todos los santos del cielo
lo guardan como un tesoro
y a veces se escucha en el universo
Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, el arte de saber escuchar.

Artículo escrito y publicado por la revista Sevilla Flamenca nº 116.
“Y, ¡qué público, señores, tan maravilloso! ¡Como saben escuchar! Nunca una palabra de más…lo que más impresiona de este público es ese momento cuando en el cante se produce la trasmisión emocional entre cantaor y oyente, siempre en el momento justo, estalla en un ¡¡ole!!, seco y a una sola voz, siendo de la misma forma cortado en una maravillosa sincronización.”
Para muestra un botón. Este artículo que escribiera en 1968 Salvador Moya Zapata para el diario Jaén, es una de las cientos de referencias escritas en la prensa nacional que recogen el verdadero espíritu del festival mairenero, que tiene como gran protagonista a la afición que allí se reúne.
Precisamente se cumplen 50 años del festival mairenero, uno de los eventos flamencos más influyentes del pasado medio siglo. En este pueblo se modeló la estética, además de la ética, de nuestro arte durante varias décadas, y se convirtió en ejemplo de organización para muchos de los históricos festivales bajo-andaluces. En él participaron numerosas personalidades de la cultura; pintores, escritores, poetas, escultores y por supuesto, una de las mejores generaciones de artistas flamencos de la convulsa y olvidadiza historia jonda.
El Festival de cante jondo suponía, más allá de una noche-espectáculo del mejor flamenco, una comunión entre el arte y la sociedad, la materialización de esa búsqueda de la identidad cultural de todo un pueblo, el andaluz, estando desprovisto en sus inicios de cualquier pretensión turística o mercantil.

Este motivo y la fama que precedía al, llamado por primera vez en su V edición de 1967, Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, habían cruzado las fronteras españolas, y en las oficinas parisinas de la UNESCO se hablaba de una música que merecía estudiarse y que se daba en su mejor expresión en el pueblo sevillano de Mairena, hasta donde viajaron en busca de la esencia jonda. El flamenco empezaba a recorrer el camino cultural que ya nunca abandonará por atajos folclóricos ni senderos populares. 43 años más tarde, este organismo declarará Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad al flamenco.
Cantera inagotable de primeras figuras, presume de ser la cuna artística de cantaores como Camarón de la Isla, Calixto Sánchez, Curro Malena, José de la Tomasa o Diego Clavel, entre otros, poniendo de relieve la importancia de su Concurso Nacional de Cante Jondo, origen mismo del Festival e íntimamente relacionado con éste.
Desde sus comienzos se estructuró con la seriedad y gravedad con la que se vive el cante en este pueblo, y para recuerdo de muchos flamencólogos, en él participaron artistas de todas las corrientes del momento, albergando todo tipo de lenguajes expresivos en las voces de Enrique Morente, Lole y Manuel, Pansequito o Turronero como los más alejados de la estética mairenista, Chocolate, Perrate, Fernanda, Bernarda, Talega, Agujetas, Terremoto, La Paquera o La Perla, en la concepción más gitanista, Fosforito, José Meneses, Lebrijano, Diego Clavel o Miguel Vargas como la continuadora, o aquellos intérpretes chaconianos de la talla de Naranjito de Triana o Luis Caballero.
Mientras Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar mostraban con sus solos de guitarra los nuevos caminos de la música jonda, y con el sonido enjundiado de Melchor de Marchena siempre presente, dibujaban obras maestras en el aire Matilde Coral, Trini España, Mario Maya, El Güito o Pepa Montes.

Y Mairena sigue apostando por los grandes del flamenco, así José Mercé, Carmen Linares, Aurora Vargas, Miguel Poveda, El Pipa, Esperanza Fernández o La Macanita protagonizan septiembre tras septiembre una noche mágica entre el Castillo de Luna y la fuente de Alconchel, la cita ineludible con la cultura jonda del arte flamenco en la Casa Palacio de los Duques de Arcos.
Sin ninguna duda, los festivales significaron la puesta en escena de una forma de entender el cante, el formato ideológico de una etapa del flamenco, denominada por muchos como de renacimiento o neoclásica.
Este periodo lo capitaneó Antonio Mairena, precursor de la mayoría de los festivales históricos como el Potaje de Utrera, La Reunión de Cazalla o el Gazpacho de Morón y verdadero “Alma Mater” del festival mairenero. Su imantada personalidad contagió a todo un pueblo y toda una legión de seguidores que acudían a Mairena como a la Meca del cante.
Su legado perdura entre la afición culta y cabal, esa afición que sigue sabiendo cuando decir ole. Ole al sentimiento cantado, ole a la tragedia sonora, ole a la emoción vivida y ole al ole en su sitio. Ole, Mairena.
Pedro Madroñal.
El valor del sabor.

Cansados andamos los aficionados de escuchar gente cantar bien sin decir nada, cantaores que lo único que exponen es su capacidad vocal, su escala interminable de fuelle infinito que dejan impasible al que chanela de arte. Como si de una competición vasca de levantamiento de piedras se tratara lo cantaores de pecho palomo muestran sus habilidades. Por no hablar de la imitación milimétrica de los cantes clásicos, llegando a desafinar en la misma nota que la grabación de referencia.
Pero por suerte, y como siempre en peligro de extinción, se conservan voces fuera del academicismo, alejados de los circuitos copleros de los divos contemporáneos y que representan una forma esencial de decir el cante.
Es el caso de Mari Peña que junto a su marido Antonio Moya al toque conforman una pareja que como al lince ibérico habría que conservar como parte de la riqueza cultural de una tierra, la andaluza, cada vez menos tierra y menos andaluza.
Los de Utrera llegaron a la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena a calentar la gélida mañana del domingo a base de compás despacito por bulerías y alegre por soleá.
Mari se templa por tonás mostrando desde un principio sus credenciales; el gusto a cambio de las portentosas cualidades de otros.
El cante por tientos se mece en la boca de la Peña camino del tango que sabe a reunión de gitanos cabales.

Se acuerda de la reina de la soleá para dolerse en los cantes de la serneta y los valientes de Juaniquí con las manos en el pecho a puñaos en busca de eso que llamamos sabor, una cualidad que no responde al aprendizaje académico ni a la audición periódica de los cantes, sino a la vivencia personal, a la infancia con soniquete, al aire que respiran los tercios de la soleá en Utrera y en su hermana flamenca, Lebrija, y que no sale de la zona, que se queda entre las columnas de los salesianos, de la fuente vieja y los terrones de las gañanías de la campiña.
Ni la sobreactuación, ni la carencia de facultades restan calidad artística a unas enjundiadas cantiñas de Pinini, de quien si no, en las que Mari y Antonio se hablan, una con el cante y otro con el toque, como dos poetas andaluces que buscan la belleza en el fondo sin importarle la forma, solo en busca del gusto que da el sabor de lo verdadero, de lo auténtico, ahí va...de lo puro!
Reivindican el fandango por soleá como un universo propio, de la gente de Utrera, de las niñas de nombres romanceros, Fernanda y Bernarda. Fandangos a compás, no se puede cantar más flamenco porque cada sílaba reposa en el golpe preciso para que a fuego lento se cocine el mensaje jondo.
El ritmo se acelera lo justo para entrar en el mundo de la bulería, con el aire propio de la tierra, alegría despacita para dar rienda al sentimiento burlesco que antecede al cuplé imprescindible de su gente, a la copla flamenca interpretada con la rabia y el grito jondo como lenguaje expresivo huyendo de la belleza por la belleza y arrimándose al calor que da el lastimero ayeo del canto flamenco.
El calor de lo bueno caló hasta los huesos y es que hay mucha gente que solo canta bien y en la mayoría de las ocasiones esto importa poco, ayer en Mairena Mari Peña y Antonio Moya lo vinieron a demostrar.
Manuel Vallejo, Obras completas

Estudiar a los clásicos es una asignatura obligatoria para todo aquel que quiera chanelar de un arte. Los clásicos son aquellos artistas dignos de imitar, artistas que llegaron al culmen del arte, a la obra sublime. A lo largo de la historia del cante se han considerado clásicos a cantaores como Chacón, Pastora Pavón, Antonio Mairena o Manuel Vallejo. Sus legados artísticos son imprescindibles no sólo para entender el devenir de este arte sino para comprender donde radica la belleza y el secreto de lo jondo.
Por suerte la obra de La Niña los peines se digitalizó hace tiempo al completo acompañada de un CDROM con el estudio estilístico de su obra y una biografía más o menos completa. Igualmente Antonio Mairena cuenta con una colección digitalizada de su archivo sonoro, ambos editados por la Junta de Andalucía. Hasta 2012 hemos tenido que esperar los amantes del flamenco para la edición de las obras completas del cantaor sevillano Manuel Vallejo. Hasta 213 cantes remasterizados y digitalizados para el disfrute del personal. Una colección que ve la luz gracias a la Federacióon de entidades flamencas de Sevilla, con José María Segovia de presidente, al que siempre estaremos agradecidos, y con la colaboración de la consejería de cultura.
Se hace justicia con el de la calle Padilla en el barrio de San Marcos pero sobre todo se hace justicia con el arte flamenco, con el cante clásico, con el andamio cantaor de la historia jonda.
A partir de ahora podremos llevar en nuestro "esmarfon" todos los fandangos republicanos o no del maestro Vallejo, escuchar en nuestro pc el compás endiablado de un sabio de los tiempos flamencos, sentir como se cuela en nuestras carnes la fina daga de la granaína y media desde el sonido que emite el spoty pero sobre todo que queda al alcance de todos el dorado cofre de una inmensa obra artística, se democratiza la pena de su cante por seguiriya y el dolor soleaero de un clásico, Manuel Vallejo.
El cantaor jerezano, Antonio Chacón espera sentado con una vara en la mano y el semblante desencajado contemplando como uno de los padres de esta música sigue ignorado por sus paisanos entretenidos con las graciosas pataitas por bulerías, y sintiendo el vacío de la comunidad flamenca le hace a su persona mientras su obra sigue en tatuada en la pizarra de principios de siglo.
Honores a Juan Cabrera Gómez, Juani de la Algaba.

Nunca vi nada igual en el curioso universo del “homenaje flamenco”. Desde que el artista flamenco se hizo profesional existen los homenajes. En un principio se trataban de galas benéficas en su mayoría que servían de finiquito para aquellos flamencos que por distintas circunstancias pasaban de vivir del arte a sobrevivir del aire. A mediados de siglo pasado comenzó una nueva modalidad de homenaje, aquel organizado en pos de revalorizar una figura, un tributo para aquellos artistas universales y a veces olvidados por la afición. Más tarde surgió el homenaje de conveniencia, en el que se otorgaban honores a un artista con la intención de que el mismo galardonado ofreciera un recital de balde, por la cara. Los tres coexisten en la actualidad.

Pero que se reúnan hasta 9 artistas de primera línea (Argentina, Tina Pavón, Antonio Reyes, Manuela Cordero, El Polaco, Segundo Falcón, Manuel Herrera, Niño Elías, Antonio Carrión) 2 prestigiosos periodistas especializados presentando el acto (Manuel Curao y Manuel Martín) y 600 espectadores entre artistas, directivos de peñas, medios de comunicación, familiares y amigos en general, para rendir homenaje a un aficionado por el sólo hecho de ser eso un enorme aficionado es inaudito. Porque este hombre señores, no programa espectáculos, no hace críticas para la prensa, no dirige ninguna institución, es decir, no tiene la posibilidad de dar nada material al convenido o interesado de turno. Pero es que Juan Cabrera, Juani de la Algaba, nos da a todos los aficionados otras cositas...una llamada en el momento justo, un saludo cariñoso, un ofrecimiento sin condiciones, un ¡vivan los buenos! gritado de corazón...
Su capacidad para entrar de válvula, de gañote, free, gratis, a todo espectáculo flamenco o taurino de la provincia sevillana ha sido desglosada con gracia por Manuel Martín Martín como cualidad más representativa del gran Juani, personaje imprescindible para entender los entresijos del mundillo jondo sevillano. Su omnipresencia le ha procurado el cariño de cientos de aficionados y su saber vivir en continua diligencia nos lleva cautivando desde hace más de 40 años.
El gusto soleaero de Antonio Reyes, el recuerdo a la de los peines de Tina Pavón, los recursos cantaores de Manuela Cordero, la creatividad melódica de Segundo Falcón, el brillo de los metales de El Polaco y la refrescante voz portentosa de La Argentina sirvieron de maridaje cabal a la agradable mañana en honor a Juan.
La Federación de entidades flamencas de Sevilla se apunta un tanto, y acierta de lleno con la organización de este emotivo homenaje, con la tierra de Paradas de testigo, en la que un auditorio repleto de flamencos cabales han agradecido la forma de ser del señor Juan Cabrera.
¡Juani!... ¡Vivan los buenos!
Samaruco, una asociación con arte.

El movimiento se demuestra andando y muchos pasitos lleva “dao” esta asociación cultural flamenca como muestra de su amor por el arte jondo. SAMARUCO está a punto de cumplir su primer aniversario y su actividad desde el comienzo ha sido frenética apoyada en dos pilares fundamentales, la divulgación del flamenco y la promoción de jóvenes talentos a los que ofrecen el espacio necesario para crecer como artistas.
Manuel Sualis es un incansable aficionado, promotor, divulgador y estudioso que no cesa de inventar modos de promocionar nuestro flamenco, los ciclos culturales, talleres y cursos, concursos y colaboraciones con cualquier entidad que se lo solicite dan prueba de ello.

Sin sede física, SAMARUCO trabaja en las calles sevillanas y a través de las nuevas tecnologías como muestra de autogestión moderna y sostenible.
La juventud de los colaboradores están materializada en las personas de Aina Núñez, bailaora y realizadora cinematográfica, el guitarrista Pedro Visconi, la bailaora Adriana Bilbao, el fotógrafo Adam Newby y la gestor cultural Lali Mateu. Un grupo de personas que no cesan de trabajar en pos del arte flamenco en toda su dimensión.
Desde Trabilitran me gustaría felicitarlos por su iniciativa, su magnífica labor divulgativa y por su apuesta por los nuevos medios de conocmiento.
Feliz primer cumpleaños, señores.
No entiendo nada

Desde que apareciera con el mentón afilado tocando por seguiriyas a principios de los años 70, en el tesoro audiovisual Ritos y geografía del cante flamenco, Moraito Chico no había cesado de poner acordes al mejor cante jerezano, y 40 años de flamenco profesional y pasional da para contar con muchos amigos. Otra cosa es que en Madrid, en el Teatro Coliseum, quisieran estar todos aquellos subidos al tren del neo-flamenco, el que vende. Si se pretendiese pagar el caché de todos los que participaron en el homenaje al Morao habría que subir dos puntos más el IRPF a los españolitos para tanta gomina y maquillaje.
La 2 de TVE emitió el pasado fin de semana un amplio resumen de la cita en la que la noche quedó reducida al compás de la bulería.
Los divos del cante se colocaron sus trajes brillantes a juego con sus pelos y nos brindaron un espectáculo por momentos ridículo. El cante salió airoso en contadas ocasiones, como por tonás de Vicente Soto, flamenco, el rabioso grito de El Torta o la elegancia escénica de Poveda. También se reivindicó Marina Heredia y Jesús Méndez que pide un sitito entre la primera fila, pero poco más, bueno el toque de Diego del Morao, al menos lo que se vio por la caja tonta.
Era un homenaje al maestro Morao y los casi 50 artistas que participaron debían dar una pinceladita pero es que algunos dieron un brochazo con el rulo salpicando a los aficionados que gozamos con el arte jondo. Quedó patente el confusionismo al que nos tienen acostumbrados los que abanderan la fusión como motor de creación, como germen de la música jonda, los que tratan el asunto desde un punto de vista mercantil, un negocio lacrado en los papeles con la palabra flamenco pero que poco tiene que ver con la cultura y riqueza del cante.
Eso sí, teatro a rebosar, televisión nacional, guapos y guapas a "tutiplen", toda la prensa de la capital del reino allí reunida, las bambalinas atiborradas de posturitas y eco en todas las páginas web especializadas, pero... ¿y el detalle de cantar flamenco, de dolerse, de doler..?Antes los artistas se peleaban consigo mismo por no perder por salir en victoria en el cante ahora da igual que estés mudo, que desafines hasta molestar, que investes sobre la marcha melodías imposibles, parece más bien que compiten en peinados, desplantes y dientes. Pues si esto es lo mejor del cante contemporáneo yo no entiendo nada.
Sobreviviendo

Vaya por delante que las pascuas, como mal decimos por mi tierra, es una fecha de mi gusto. Pero todo tiene un límite. El omeprazol se ha convertido en medicación habitual este mesesito de excesos espirituosos pero lo que de verdad me hubiera hecho falta es un tranquilizante cada 24 horas para soportar los mensajes navideños que el personal tiene a bien dejar en su muro del feisbu, enviarlo por guasa e incluso aquellos seres desactualizados que se aferran al sms, por no decir de los hombres de cromañón que aun tienen la deferencia de felicitarte con un crisma.
No puedo negar que me pone tierno la navidad pero entro en cólera cuando personajes de la más baja calaña chorrean almíbar venenoso en un intento de quedar bien ante el mundo en ese espacio exhibicionista que conforman las redes sociales. Prefiero los dos besos, el abrazo y un ¿cómo estás? sincero que tanto párrafo entrañable que más bien parecen ir dirigido al propio autor, a su alter ego. Cuando la vida está disparando balas de cruda realidad a mi alrededor me enerva el copia y pega de los mensajes navideños metralleados desde los relucientes "esmarfón"
Por fin la rutina parece estar llamado al timbre. Tiempo para pensar, leer, escuchar y sentir la vida tal cual es, sin nata montada ni caramelo líquido por encima, así que pasa, estás en tu casa.
Este año será grande y largo, y espero aprovecharlo tirándome en bomba a la vida, metiéndole mano a un precioso e ilusionante proyecto flamenco con el que aprender, divulgar y disfrutar, y que me va a costar el dinero y el tiempo. Ojalá tuviera mucho para invertirlo porque seguro terminará siendo rentable ya que recibiré grandes intereses en forma de cultura y podré disponer del capital cuando quiera, la vida misma. O sea, sobreviviré.
Lo mejor del I Congreso Internacional Flamenco.
Salí de trabajar del turno de noche, como era sábado por la mañana la carretera se encontraba prácticamente desierta y sólo la voz de Isabel Gemio acompañaba mi trayecto hasta el convento de Santa Clara. Caminé hasta la Alameda observando como algunos jóvenes seguían de viernes noche pero ya con gafas de sol, pinturas corridas y cubatas aguados.
El fresco de la mañana ganaba la batalla, pero por poco, al sol recién asomado entre las columnas de Hércules, mientras, escuchaba el ruido del vapor de una máquina de café que salía de un bar, cuando cesó se podía oír el aleteo de las palomas que tomaban parte del paseo sevillano. Me senté a desayunar a la par que el color del espacio iba mudando hasta la claridad infinita que posee Sevilla, pan con aceite y uno con leche para rematar fumando un cigarrillo en silencio. Al girar la cabeza me percaté que mientras la estatua de Chicuelo le daba un capotazo a la tristeza, la de Caracol parecía templarse por soleá, solo para mi, casi podía escucharlo, la de Pastora, erguida y señorona presumía como la diosa que es.
Ea, pues hasta aquí lo mejor del I Congreso Internacional de Flamenco. Aunque para ser justo y no finalizar el artículo aquí, tengo que reconocer que disfruté mucho con las charlas de pasillo, en las comidas, en los cafés, con gente interesante con mucho que decir y de la que aprender, algunos famosos escritores flamencos, otros artistas de primera línea, representantes artísticos, dueños de tablaos o amantes sin más de este arte.
Con esto no quiero decir que el congreso fuese un desastre, de hecho, hubo intervenciones dignas de elogio y alguna mesa redonda que aportó cosas muy interesantes, además, sólo asistí a una mesa de trabajo de las tres programadas (porque eran al mismo tiempo que si no...) así que no puedo hacer una valoración global. Pero también intuí que los personajes que siempre han comandado este tipo de citas flamencas desde hace décadas, están sufriendo el atropello de cientos de nuevos estudiosos del género flamenco que se plantean su devoción de forma seria y rigurosa, a los que es difícil dar gato por liebre y que están desprovisto de la caspa que rodea a la afición flamenca en muchos casos. Por cierto nada tiene que ver con la edad, más bien con la actitud y la (in)capacidad de adaptación a los cambios de la nueva era.
Pienso que no se alcanzará el objetivo principal de rellenar el libro blanco del flamenco, ni siquiera para escribir el prólogo ha dado la cosa, pero siempre queda algo.
De hecho, la experiencia ha sido positiva, personalmente claro, y abogo por su continuidad aunque únicamente sirva para constatar las carencias con las que cuenta nuestro arte, desde luego yo aportaré las mías para el próximo año en el caso que el político que toque en turno no suprima la cita, y sino ya nos organizaremos para quedar en una venta o algún cuarto de cabales.
Disco Históricos: "Un ramito de locura"
Bendita locura la que propició el alumbramiento de uno de los mejores discos editados en la última década. Se alinearon los astros para que la luna de linares y el sol de Jerez se entendieran a la perfección. Con el sello "Universal" y durante el año 2004 salió a la luz "Un ramito de Locura" con la voz de Carmen Linares y el acompañamiento de Gerardo Núñez, por momentos, porque durante gran parte del disco es la voz de Carmen la que acompaña a la guitarra de Gerardo.
Y es que el jerezano explora nuevos cauces expresivos, emprende senderos por los que descubrir sorprendentes sonidos que siendo vírgenes a nuestros oídos pareciesen puros, clásicos y lejanos en nuestra alma.
Acordes trasportados, intercambios de tonalidades y cultas falsetas que juegan a encontrar nuevas armonías pero que no se alejan del sentido último del flamenco, de cada palo. Las esencias con un nuevo orden desbridadas de artificios y ejercicios de lucimiento.
Y la de Linares, Carmen, señora de todo el espacio jondo, inventa sobre la melodía, se entrega en el grito desesperado del mensaje, acentúa cada tónica a tiempo. En el momento de madurez que cada medio tono menos se convierte en mil matices, en el preciso instante que el cantaor deja de gustarte para empezar a herirte, a dolerte. Desde el monumento seguiriyero al Nitri con la trágica historia de amor de Ponce hasta los recuerdos trianeros por soleá pasando por el azúcar cande que trasmina la milonga con letra de Borges. Se parte con su tierra por tarantas, se inmola por tonás y nos vacila con el perfecto dominio de compás por romeras, tangos y bulerías.
En el disco se intuye la mano de Pepe de Lucía aportando letras y músicas y el ambiente creativo y productivo de José Manuel Gamboa, letras de Ortiz Nuevo o José Ángel Valente, el bajo de Pablo Martín, la percusión del Cepillo y melodías de Juan Carlos Romero completan una auténtica obra de arte flamenco que, aunque contemporánea en el tiempo, forma parte de los grandes tesoros que salvaguardamos en nuestro cofre mágico de lo jondo.
Soñar en el "Extramuros"
Me fascina sobremanera la posibilidad de tener en mi mesa de estudio entre mi smartphone y el portátil, un ejemplar del siglo XVIII del libro “Crotalogía o ciencia de las castañuelas”, exactamente tal como se editó en 1792, tipología, ilustraciones...pero con la salvedad de haberse publicado con más de 200 años de diferencia, es decir poseer un facsímil, una reproducción perfecta de aquella primera edición.
Esta labor la lleva a cabo una editorial bautizada hace unos cinco años con el nombre de "Extramuros" que cuenta con un experto equipo que selecciona las obras de acuerdo a su importancia histórica, edición, impresor y estado de conservación y que por suerte dispone de una valiosa colección de temática flamenca.
Tras un acuerdo con el Centro Andaluz de Flamenco y utilizando los originales de su prestigiosa biblioteca, desde hace algunos años editan en versión facsímil, algunos de los libros más importantes en la historia de la flamencología. Desde La Colección de cante flamenco de Demófilo(1881), Escenas Andaluzas de Estébanez Calderón(1847) hasta Arte y artistas flamencos de Fernando de Triana(1935). Hasta 38 libros editados con respeto escrupuloso a las primeras ediciones, textos imprescindibles para entender el origen y la evolución de nuestro arte.
Felicito y agradezco a su director, Manuel Iglesias, por darnos la posibilidad de tener estos históricos libros, descatalogados en su inmensa mayoría, a través de su reproducción facsímil para uso y disfrute de los sentidos, y es que vivir en el extramuros es soñar con la cultura.
La poesía del flamenco
Me lo dejó en préstamo mi amigo y futuro Doctor en Flamenco José Manuel Castillo hace algunas semanas, pero hasta ahora no le he metido mano al precioso libro titulado, "La poesía en el flamenco", coordinado por los flamencólogos y expertos en literatura, Miguel Ropero y José Cenizo y editado por Litoral.
Digo preciso libro, no sólo por su contenido sino por el continente, es decir, la impresión, maquetación y diseño, ya que podemos encontrar la mejor poesía flamenca de todos los tiempos, tratada de forma moderna y atractiva con cientos de pinturas y fotografías elegidas con enorme gusto que, más que decorar o adornar los textos, forman parte de su lectura, como un preámbulo introductorio a la magia de la palabra.
Una serie de capítulos en forma de artículos construidos con enorme pulcritud y respeto, se suman a una cuidada recopilación poética que va desde la propia copla flamenca, popular y tradicional, a las coplas de autor o a la poesía con temática flamenca pero de estructura culta, una visión lírica del arte jondo a través del tiempo que te sumerge en un mar de sentimientos y sensaciones universales.
Mientras se escucha el tintineo de la lluvia tras los cristales y para olvidar la prima de riesgo, el referéndum griego y el color de la corbata de Alfredo y Mariano, me rebelo gozando con la bella letra de la poesía rendida al arte jondo.
Tu calle ya no es tu calle
que es una calle cualquiera
camino de cualquier parte.
Manuel Machado
Como tenía dos caras
yo no sabía distinguí
si era la buena o la mala.
Antonio Rincón
La muerte yamo a voses,
No quiere bení;
Que hasta la muerte tiene, compañera,
Lastima e mí.
Colección "Demófilo". 1881.
Basta de calabazas
,
Aunque el sur sigue fiel a sí mismo en muchas de sus costumbres para verguenza de unos y orgullo de otros, mientras escucho a Bernardo el de los lobitos me planteo hasta donde llegara la americanización de nuestros hábitos. ¿Qué a qué viene esto? Acabo de llegar de hacer la compra semanal y el amable señor que me ha atendido en la caja del supermercado de moda, justo antes de cobrarme me ha ofrecido en oferta una bolsa de caramelos de Halloween para los niños que llamen a mi puerta este fin de semana. Sinceramente, espero no estar en casa cuando eso ocurra, entre la jindama que me dan los muertos y lo ridículo que me resultaría la escena ignoro cuál sería mi reacción.
No me veo llevando a los míos de puerta en puerta como en una de esas series yanquis de vidas perfectas e insulsas recogiendo dulces a cambio de no asustar a sus inquilinos. Es realmente absurdo, vamos, totalmente ridículo.
El sábado durante una visita cultural y flamenca a Mairena, en la que hice las veces de cicerone, paseamos recorriendo el Castillo de Luna y la Casa Palacio por entre los olivos que sirvieron de escenario a mi niñez. Era mi territorio, donde organizaba las candeloras, construía mis cabañas y batallaba con bolas de barro y varetas de olivos con las pandillas enemigas. Recordé los miles de vinagritos que me eché a la boca, el miedo que me daba rozarme con la "leche interna" de algunas plantas ya que salían "bojigas", las tardes de sol buscando panales de miel, nidos de cernícalos y hojas de moreras para los gusanos de seda que guarda en aquella mágica caja de zapatos agujereada.
Imagino que igual de tonto ven ellos nuestra cultura popular, pero son las nuestras,me entran ganas de mandar a los niños disfrazados de caninas con tos sus muertosy encerrarme a escuchar peteneras hasta que pase esta burlesca modita americana.
¡Ah! Y viva el cante por marianas de Bernardo.
Aunque el sur sigue fiel a sí mismo en muchas de sus costumbres para verguenza de unos y orgullo de otros, mientras escucho a Bernardo el de los lobitos me planteo hasta donde llegara la americanización de nuestros hábitos. ¿Qué a qué viene esto? Acabo de llegar de hacer la compra semanal y el amable señor que me ha atendido en la caja del supermercado de moda, justo antes de cobrarme me ha ofrecido en oferta una bolsa de caramelos de Halloween para los niños que llamen a mi puerta este fin de semana. Sinceramente, espero no estar en casa cuando eso ocurra, entre la jindama que me dan los muertos y lo ridículo que me resultaría la escena ignoro cuál sería mi reacción.
No me veo llevando a los míos de puerta en puerta como en una de esas series yanquis de vidas perfectas e insulsas recogiendo dulces a cambio de no asustar a sus inquilinos. Es realmente absurdo, vamos, totalmente ridículo.
El sábado durante una visita cultural y flamenca a Mairena, en la que hice las veces de cicerone, paseamos recorriendo el Castillo de Luna y la Casa Palacio por entre los olivos que sirvieron de escenario a mi niñez. Era mi territorio, donde organizaba las candeloras, construía mis cabañas y batallaba con bolas de barro y varetas de olivos con las pandillas enemigas. Recordé los miles de vinagritos que me eché a la boca, el miedo que me daba rozarme con la "leche interna" de algunas plantas ya que salían "bojigas", las tardes de sol buscando panales de miel, nidos de cernícalos y hojas de moreras para los gusanos de seda que guarda en aquella mágica caja de zapatos agujereada.
Imagino que igual de tonto ven ellos nuestra cultura popular, pero son las nuestras,me entran ganas de mandar a los niños disfrazados de caninas con tos sus muertosy encerrarme a escuchar peteneras hasta que pase esta burlesca modita americana.
¡Ah! Y viva el cante por marianas de Bernardo.
¿Somos o no somos andaluces?
Interesante cuestión la que se planteaba Don Luis Caballero Polo allá por el año 73 cuando editó su primer libro en forma de ensayo. El señor Caballero forma parte de aquellos artistas que teorizaron sobre el cante en plena revalorización del flamenco. Con más o menos acierto, Luis, camarero del Alfonso XIII y natural de Aznalcóllar, dejó impreso su pensamiento y conocimientos sobre la materia jonda y ahora, casi 40 años más tarde la federación de peñas flamencas de Sevilla nos ofrece una edición comentada y anotada por Eduardo Pastor y Pablo Parrilla del aquel "¿Somos o no somos andaluces? (De la verdad y la mentira del cante)". Un pequeño libreto tratado con cariño y devoción al cantaor-pensador Luis Caballero, que además nos regala un Cd de cantes inéditos del propio autor que nos acercan a un cantaor de ritual capaz de enamorarnos a través de una preciosa tanda de fandangos, posiblemente lo mejor del documento sonoro.
El de Aznalcóllar fue un andaluz universal que criticaba los defectos de su patria y luchaba por superarlos, paso hambre, perdió a su padre en la Guerra Civil, trabajó de camarero desde los años 30 y terminó escribiendo en prensa y editando libros sobre la seña cultural de un pueblo.
Cambio de tercio
Si escuchara las lindezas que sobre su tierra nos escupen los líderes catalanes comprobaría que tampoco hemos avanzado tanto y a lo mejor encontraba respuesta a su pregunta; ¿Somos o no somos andaluces?
Que digo yo, que si con lo que se cobra del PER da para la hipoteca, la luz, el agua, la letrita del coche, el puchero, la guarde de los niños, la gasolina, la contribución y poder llevarse cada mañana en el bar con tu tabaquito y tó. Seguro que el señor Durán y Lérida imagina en su catalanita cabeza que los andaluces preferimos hacer prestidigitación con cuatrocientos pavos antes que ocupar un puesto en La Caixa, currar en la industria del automóvil catalán (por cierto bastante subvencionada) o dirigir el Palau de la música, ni desde luego cobrar por redactar discursos xenófobos en la suite del Hotel Ritz.
Y no duda que cuando los andaluces dejan a sus padres, hijos, recuerdos y cultura detrás de sí para marcharse al sur de Francia como vendimiador, a Inglaterra como enfermero o a su propia tierra catalana, catalana, a cargar textil, en el fondo no busca más que encontrar nuevos bares donde pasar la mañana emborrachándose hasta no entenderse ni como habla, ¿eh, señor Mas?
Cuidado con estos malages que, al contrario de lo que creemos, no lo hacen por insultar, los políticos no son tan claros, detrás hay intereses ocultos que juegan en nuestra contra, claro.
Acabo el artículo felicitando a la federación sevillana y a Pastor y Parrilla por tan elegante trabajo.
Para cuando los ordenadores canten por seguiriyas(1)
Me resisto a subirme al carro de la flamencología imperante, a seguir los preceptos de la hermandad de la hemeroteca y el estudio científico para explicarnos el origen de todo y la razón de nuestras emociones con respecto al arte flamenco.
Amigos ratones de biblioteca; las páginas amarillentas de la prensa del XIX no son las sagradas escrituras.
Dicho lo cual, considero básica la información que podemos recopilar de los escritos decimonónicos, no sólo en periódicos, también en libretos teatrales, novela costumbrista o poesía romántica, pero construir toda una teoría evolucionista cimentada única y exclusivamente sobre estas fuentes no deja de falsear la historia de la cultura flamenca.
Tan denostada está la antropología flamenca y las propias opiniones de los grandes protagonistas del mundo jondo a lo largo de la historia que cualquier afín a esta poderosa hermandad con 10 o 12 recortes de El Imparcial (periódico nacido en 1864) echa por tierra las sentencias de Chacón, Torre, Mairena o Caracol, vamos que éstos cantaores con medio siglo de vivencias, estudio, escenarios...no tienen ni idea.
Suele coincidir que son los mismos que reducen el cante a la relación de la melodía con el tiempo. Es decir que un tío que canta afinado, respeta la melodía y no se sale del compás es un cantaor flamenco... y les falta decir que cuanto más alto el tono mejor artista es.
Con estas premisas falta poco para que los mismos japoneses que conservaban el cilindro de estaño de Silverio (pedazo de bulo) inventen la aplicación para móvil del robot seguiriyero que nos va a partir el alma por seguiriyas de Triana o por soleá de la Serneta y no vamos a parar de darle a la pestaña "ME GUSTA"...bueno pondrán una pestañita más flamenca; "ME PARTO LA CAMISA"
Después de tanta pamplina mental, el Torta con Niño Jero. Si tienen 6 minutos, cierren el Facebook y todas las pestañas que tengan abiertas delen caña a los altavoces y sufran de lindo con el de Jerez.
Cante Jondo, Granada y el arte de la caricatura.
Uno de mis blogueros preferidos es América, una señora cuajada de sensibilidad y gusto por la cultura en general y la pintura y el flamenco en particular. Gusta de hacer colaboraciones con otros colegas de afición y esta semana me ha tocado a mi.
Reproduzco el resultado en Trabilitran, con audio incluido, aunque mucho mejor es disfrutarlo en su espacio flamenco(http://miespacioflamenco.blogspot.com/2011/09/cante-jondo-granada-y-el-arte-de-la.html). Todo un placer, maestra.
El concurso de cante jondo de Granada en 1922 es sin lugar a dudas el acontecimiento flamenco más relevante de la historia del arte jondo. Nació con la intención de conseguir el renacimiento, conservación y purificación del antiguo cante jondo y aunque sería Manuel de Falla (Compositor español) e Ignacio de Zuloaga (pintor) con la colaboración activa del poeta Federico García Lorca quienes capitanearon esta aventura, la organización corrió a cargo de una pléyade de intelectuales; escritores, poetas, músicos y pintores que otorgaron al concurso la categoría artística que ellos mismos defendían para el cante jondo.
El recinto, el patio de Los Aljibes de la Alhambra, durante las fiesta del corpus, fue el marco elegido para dos sesiones de cante flamenco para cantaores no profesionales, condición obligatoria para participar, en la que actuaron fuera de concurso Pastora Pavón, Niña de los peines, Manuel Torre y Antonio Chacón que ejercieron como jurado del mismo, además de la guitarra de Ramón Montoya y la mítica Macarrona al baile, en definitiva algunos de los verdaderos padres de lo que hoy conocemos como flamenco clásico.
En la segunda sesión flamenca sorprendió la lluvia al abarrotado patio de Los Aljibes. Ese es, precisamente el momento elegido por el polifacético Antonio López Sánchez para inmortalizar la escena mediante una histórica caricatura, de ahí que algunos protagonistas tapen sus cabezas con sillas de enea. Cada uno de los 31 personajes dibujados representa una personalidad relacionada con el concurso.
Desde José Bermúdez, El Tenazas del Morón, el cantaor que llegó a pie desde Puente Genil(Córdoba) y que sorprendió a todos con su potente voz, a la postre triunfador del certamen, hasta Pastora Pavón, Ramón Montoya o los, ya abajo del escenario, La Niña de la Aguadera y Niño del Caracol, con el tiempo el gran Manolo Caracol. Entre el público destacan los músicos Manuel de Falla y Andrés Segovia, el poeta Federico García Lorca, o los pintores Zuloaga, Rusiñol y Manuel Ángeles Ortiz, creador del cartel anunciador del concurso “alhambrino”.
Aunque mis conocimientos sobre pintura son ridículos me gustaría subrayar la enorme capacidad interpretativa de López Sánchez, que utilizando los principios propios de la caricatura, como la exageración, la síntesis y la observación de rasgos diferenciales crea una obra que mantiene cierta estética contemporánea y refleja la personalidad de los protagonistas de forma equilibrada y elegante.
El Concurso no dio los frutos esperados. Quizás por un error de base. La creencia de que el cante jondo habitaba en el pueblo cuando desde sus comienzos serían los propios cantaores profesionales los que dotarían de calidad y duende al arte flamenco siendo éste un hijo inevitable de su tiempo en cada etapa que le ha tocado vivir.
Pero algunos de los conceptos e ideas que sirvieron para su celebración terminarían por cimentar, varias décadas más tarde, una de las etapas más florecientes del cante jondo, el neo-clasicismo.
Música: “Danza Ritual del Fuego (El amor brujo)” Disco: Paco de Lucía interpreta a Falla
Si se levantara el de la pistola...
Repasando la historia del Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, he recordado una anécdota que me hace cavilar como hemos cambiado en el último siglo y lo educado y respetuoso que es el público flamenco contemporáneo. Hemos llegado a aplaudir, los gallinazos, las salidas de tonos y hasta las sinvergonzonerías de algunos artistas, presentadores, jurados y críticos, hasta levantarnos de la silla echando humo con las palmas de las manos, nos lo tragamos todo, con perdón, pero no siempre fue así.
Cada una de las sesiones del concurso granadino fue presentada por Federico García Lorca, la segunda, y nuestro protagonista, el extenso escritor Ramón Gómez de la Serna, la primera. Precisamente Ramón deja escrito el siguiente suceso acaecido en el momento de la deliberación del concurso:
Ahora este Jurado que ha trabajado tanto y que hasta ha animado a los cantaores dándoles de beber el jerez viejo en la copa graduada en que hay que calcular lo que conviene a cada uno para que su voz se despierte, se va a reunir para decidir los premios, labor difícil y comprometida, pues éste no es un Jurado que, como el de pintura, no corra peligro; este corre peligro de ser navajeado, pues todas las pasiones jondas son terribles, y este publiquito se las trae. A mí mismo me han contado que mientras lanzaba mi conferencia, uno del auditorio con una pistola en la mano y apuntándome, decía a los amigos de su grupo: -¿Qué...? ¿Lo mato ya...?
Vaya, tampoco es eso, pero un "chiflío" de vez en cuando no hace mal a nadie, ¿no?
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