¡Flamenco en la bienal!


En este inmenso laboratorio en el que se ha convertido la Bienal, y entre tanto experimento seudo-andaluz, se ha colado un espectáculo, esencialmente, flamenco, por no decir puro, palabra tabú en estos tiempos. Desde el eje Utrera-Lebrija llegaban en familia, Pedro Peña, Inés Bacán y Mari Peña al cante. No importó que el chacho del Lebrijano estuviera “rozao” ni los problemas de afinación de los demás. Nos endulzaron el paladar a base de cante vivencial, doméstico y rancio. Desde la toná a las cantiñas de Pinini, con los dorados bajos de Inés, a la cátedra por soleá de Pedro, al romance al golpe de Mari, heredera del sonido de Fernanda y Bernarda, hasta las seguiriyas a compás cantadas para adentro y disparadas como saetas hasta nuestro sentío, hirieron sin compasión. A Pedro Peña hijo cada día le suena mejor la guitarra, complemento perfecto para una reunión de este tipo, conocedor del paño. En el fin de fiesta por bulerías, se bailó solo flamenco y nada más que flamenco. Diego de la Margara, es elegante y fino, y cuando está a gusto, una fuente de gracia y flamenquería, Concha Vargas baila con todo su ser, desde los ojos, marcándose unas pataítas que ni De Jong. No tan negro como la endrina, pero más flamenco que la mitad de lo que llevamos.

Espectáculo: "Negro como la endrina"
Calificación. XXX

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