Hazlo perfecto.



Estrenando bronceado y con fuerzas renovadas abre el menda su blog y se dispone a contar cosas mientras compruebo que vuestras visitas en mi ausencia siguen aumentando por lo que no puedo más que dar las gracias.

La actividad flamenca en los meses estivales es frenética y aunque por desgracia el número de festivales sigue disminuyendo aún sobreviven muchos, eso si, con lo que en un principio pueden parecer carteles de baja calidad.

Impresiona comprobar como muchos de los históricos festivales programan artistas de poco renombre, de escaso poder mediático. Desde luego que esta actitud responde a la situación económica que atraviesan los consistorios andaluces pero se pueden sacar algunas conclusiones y preguntarse si estamos en pleno cambio generacional del panorama flamenco.



De la etapa de los festivales, antes del morentismo y el camaronismo, quedan pocos cantaores en activo que puedan defender sus maneras y, tras un periodo de mediocridad artística enmascarada con marketing promocional, se intuye un fututo esperanzador, artistas poco conocidos por el gran público pero que cuentan con la confianza del mundo profesional. Es el caso de Jesús Méndez o José Valencia, en la escuela más ortodoxa y rancia, de Miguel de Tena o Rocío Márquez en las formas más preciosistas, desde Huelva llegan Argentina y Guillermo Cano, de Cádiz María Mezcle, Antonio Reyes y David Palomar, desde Almería Toñi Fernández, de Córdoba Churumbaque Hijo y Antonio Mejías, Juan Pinilla de Granada, las malagueñas Virginia Gámez o Rocío Bazán. Aunque no voy a hacer un listado completo quiero acordarme de Rosario La Tremendita, David Lagos, Rubito Hijo, Encarna Anillo, Antonio Ortega Hijo, Pedro Cintas, Alicia Gil, Kiko Peña…y algunos más que poco a poco van tomando el mando.




Una lista únicamente de jóvenes cantaores a los que habría que sumar una magnífica pléyade de guitarristas, tanto de concierto como de acompañamiento, y un ramillete de excelentes bailaores, sin olvidarnos de los pianistas, percusionistas y músicos en general que vienen cargados de conocimiento y pasión por el arte jondo.




Una generación que seguro dará muchas noches de gloria flamenca a luz de las estrellas del cielo andaluz siempre que desde las administraciones demos importancia a esta seña identitaria porque no quiero finalizar este post sin denunciar la precaria situación de la industria flamenca. A veces la gratuidad resta valor al arte. Cuatro o cinco horas de espectáculos con diez o quince profesionales no puede costar menos que el paquete de tabaco que compras antes de entrar.
No abogo por el aumento excesivo de las entradas en los festivales pero restar en los cachés y en la calidad de los artistas para disminuir costos y a su vez bajar el precio de la entrada es un suicidio para el artista y aún peor para el propio arte. El abaratamiento resta mérito. Se me viene a la memoria las palabras cabales de mi añorado abuelo materno a mi madre cuando ésta empezó a coser para la calle allá por los años 60: “Niña, tu haz la prenda perfecta y luego cobra caro”

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