Flamenco is beatiful


No deja de sorprenderme la visita obligada que cada autoridad de renombre realiza al flamenco una vez que aterrizan en España. En esta ocasión le ha tocado el turno a la Duquesa de Cornualles, hasta hace nada la Camila. Al igual que la Michelle Obama no quería perder la oportunidad de conocer de cerca la música flamenca que tanta curiosidad despierta en el mundo entero. Por supuesto los maridos, los que mandan, no pierden el tiempo entre castañuelas y guitarras. Lo más gracioso del tema es que la corte que llevan a su alrededor, formadas principalmente por políticos, se pavonean orgullosos de su cultura ante tan insignes eminencias, como dando a entender la influencia que tienen ellos en tal manifestación artística y la alta valoración que poseen de la misma. Su poquito de mantón para ellas y un bailecito gracioso ante todo un séquito de españolitos que no diferencian entre "Andy y Lucas" y Juan Talega, y por supuesto que no pisarán más un evento flamenco a no ser que se inaugure algún teatro o se le antoje a la mujer de otro principito.

Desde luego comprendo la proyección promocional que tiene un acto de esta trascendencia pero, por mi parte, prefiero una peña repleta de gente con sensibilidad y predispuestas a sentir el peso del mundo mientras escuchan el cante por seguiriyas.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar una recién nacida peña flamenca en la calle Castellar, cerca de San Román, en un enjundiado patio de vecinos sevillano, para dar una conferencia sobre flamenco, y aunque llegué algo disgustado y tarde debido a mi habitual despiste (me había encajado en la calle Castelar, detrás de la Maestranza, y no en la calle Castellar), me sorprendió gratamente el ambiente del que disfrutaba la peña Fernando del valle, Niño de La Alfalfa, que era su nombre. Un público extrañamente joven para este tipo de asociaciones, con enormes conocimientos y ganas de disfrutar con el cante de la Nitra, el toque de Paco Cortés y el piano de Laura de los Ángeles.

Ambiente cabal de una nueva generación de aficionados con enorme formación flamenca y nuevas inquietudes jondas que nacen de la fuente de la historia de nuestros artistas tradicionales. El espectáculo resultó de gran nivel flamenco y los aficionados, entre los que se encontraba el magnífico bailaor Andrés Marín, disfrutaron en una noche impregnada de azahar y arte hasta emborrachar.
Al recordar aquella noche, pienso y digo, coincidiendo con La Camila Parker, Flamenco is beatiful.

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