Siempre nos quedará Jerez



Como un "Anfri Bogar" flamenco acuño la mítica cita de Casablanca para acordarme que "siempre nos quedará Jerez". La capital del vino fino no descansa en su empeño de mantener vivo un arte repleto de magníficas voces cantaoras que no nos dicen nada.

La irrupción en el cante “palante” de un cachorro de los Méndez, la casa cantaora que capitaneo la portentosa Paquera de Jerez, es como una brisa de aire limpio que paradójicamente huele a rancio, a solera vieja. Nacido en el 84 lleva una década formándose en la escuela del baile con los grandes de la danza flamenca, como Rocío Molina, Manolo Marín o Javier Barón. Un fenómeno de la sonanta jonda, Gerardo Núñez, decidió llevárselo para llenar de flamenquería sus espectáculos, pero es que el chaval tiene jondura para dar y regalar y desde un tiempo a esta parte ha cogido su sillita de enea, se ha sentao "alante" y está demostrando que el cante grande duele a rabiar, sin rumbitas ni musiquitas aliviadas que sirvan para tararear. Se preocupa de aprender y le gusta el camino largo, la verea que se disfruta andándola, sufriéndola y sin rápido al destino, algunos no entienden que el destino está en el camino.

Eso con respecto al cante porque en el toque, otro gitanito jerezano, tiene formao la de dios, con perdón. De otra familia de referencia flamenca, los moraos, nos llega Diego del Morao. Ha tocao con todos las primeras figuras jerezanas como José Mercé o La Macanita y acaba de editar un precioso y flamenco disco "Orate", en el que ha colaborado uno de sus ídolos guitarrísticos, Paco de Lucía. Descubrimos a un tocaor con el inconfundible sello jerezano y la escuela de su padre, Moraito Chico, pero que juega con nuevas armonías y acordes modernos que maneja con una depurada técnica. Una concepción vanguardista que conserva los principios éticos y estéticos del toque clásico de su gente. Acompaña de forma sublime y maneja los tiempos y contratiempos a la perfección dotando a su toque de jerezanía y modernidad, excelente manera de evolucionar en nuestro arte.

Ambos valores protagonizarán a buen seguro parte del futuro y el presente del arte flamenco con mayúsculas...Siempre nos quedará Jerez.


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