Tortilla de patatas y olé.



Bueno, tras casi tres semanas de playeo vuelvo al tajo. Toca currar, ya que soy de los afortunados que, de momento, conservan su puesto de trabajo. Atrás quedan los desayunos mirando al mar de la bahía gaditana con periódico incluido, los paseos al atardecer con cerveza y tapa, las carcajadas de los niños jugando con las olas, el helado compartido, pero también los millones de palas, rastrillos y cubitos que cada mañana y cada tarde acarreaba hasta la orilla, las cremas, las sillas, la sombrilla y la arena en los tobillos, me faltaba que me cantaran la trilla camino de la playa(Dale mula Jacaranda, aprieta el paso...), y eso que el levante me ha dado tregua las tres semanas.
Con todo, he disfrutado de la lectura de varios libros, todos de temática flamenca, he coincidido con varios artistas de los grandes, Paco Cepero, Aurora Vargas o Pansequito y me he adaptado a la simpleza y lo intrascendente de las conversaciones en los bares, tan necesarias para soportar la exigente vida diaria.



Uno de los asuntos más relevantes de estas tertulias lo originó la autenticidad y la pureza de la tortilla de patatas, tema que llevó a los asistentes de la tasquita, (establecimiento con precios populares que acoge aquellos veraneantes de larga duración que no pueden permitirse el terraceo elitista) bastante tiempo de discusión. No os aburriré con la trascripción de todo lo que se dijo pero se llegó casi por unanimidad a una conclusión; La auténtica tortilla española debe contener únicamente dos ingredientes, el huevo y la patata, amén de la sal, claro. Esto no implica que puedan añadirse otros ingredientes (se nombraron innumerables posibilidades) que, aunque desvirtúan la pureza de ésta, pueden conservar la calidad culinaria.
De camino al piso pensé la enorme similitud que aquella conversación de jubilados y gente ociosa tenía con la de los grandes pensadores flamencos, con sólo cambiar los términos tortilla de patatas por cante jondo tenemos una mesa redonda montada y lista para el próximo congreso de obviedades jondas.

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