De Utrera al cielo...



Cuando alguien se propone homenajear a un genio, en este caso a dos, una de las condiciones para no fracasar debe ser estar a la altura del homenajeado, requisito que el espectáculo "De Utrera al cielo" cumple sin llegar a la profundidad, la inspiración y la negrura del arte de las Jiménez Peña.
El pasado viernes noche llegó a Mairena un carro lleno de gitanos con el firme propósito de reivindicar las figuras de Fernanda y Bernarda de Utrera, otorgándoles los títulos reales de Reinas flamencas por decreto popular.
La nueva generación de flamencos de Utrera mantiene viva la llama jonda que prendieran estas dos niñas gitanas que escribieron con letras de fuego inmortales una página imprescindible en la historia del cante flamenco.
Dani de Utrera ejerció de narrador y conductor de una obra teatral que recorría la vida y obra de las dos hermanas, haciendo hincapié en la capacidad interpretativa de ambas en los estilos por soleá, Fernanda, y por bulerías, Bernarda.



Simpático, flamenco y artista estuvo Dani que emocionó al personal gustándose en el cuplé María de las Mercedes, ya al final de espectáculo.
Comenzó la obra con las voces titubeantes de Jesús de la Frasquita, José Valencia y Delia del Cuchara, sustituyendo a Mari Peña, bulerías al golpe con el único acompañamiento del soniquete de Jesús de la Buena y Gaspar del Cuchara.
Frasquito alza la voz por tonás al que termina poniéndole música Pitín hijo con su sonanta, bastante correcto tda la noche con el hándicap de ser la única guitarra en liza.
Los cantes por colombianas y tarantos al compás de la bulería en recuerdo a Bernarda los interpretó Delia, quizás lo más endeble de la noche. "Callarse por un momento". A contraluz en uno de los pocos detalles técnicos de la obra, una ronda por fandangos en la disfrutamos del eco de La Inés, la sobrina que cuidó y vivió con las dos hermanas hasta el final, empieza a subir la calidad del espectáculo con sabor a mostachón subidos a la voz afinada y con regusto de La Inés.



Pero sería desde Lebrija y Jerez de donde llegara la calidad y la jondura.
Impresionante irrupción en el escenario de José Valencia con las cantiñas del Pinini quién seguramente, desde donde esté, pudo escucharla. La fuerza desmesurada y huracanada del de Lebrija, acongoja por su profundidad y sonido gitano aunque, por poner una faltita, demandamos mejor vocalización, cuestión que dentro del flamenco para algunos es una virtud más que un defecto. José encarna la esperanza de los aficionados cabales del que esperan coja la silla de enea u se siente "delante" de una vez para siempre.



Aplausos para Tomasa Guerrero La Macanita que se sitúa en solitario en el escenario, en los medios, para hacerle un monumento al cante por soleá, desde Alcalá a Utrera, desde Joaquín a La Serneta. La Fernanda se hace presente en cada tercio..."to aquél que tiene fatigas se le ve en cara, a mi me estaban ahogando y nadie me las notaba"...la voz de La Macanita pero el aire y el corazón de la Fernanda.
Ronda de cuplés por bulerías de despedida en el que destacaron, el compromiso de José Valencia y el amor roto de la Macana que incluso buscaba los desafines de la maestra.
En definitiva, un espectáculo simple en su concepción, con algunas deficiencias luminotécnicas, con una más que aceptable adecuación de los cantes clásicos a los modos contemporáneos de acompañamiento y percusión, en la que la calidad la puso Lebrija y Jerez, y la flamenquería, la pasión y el amor por la Fernanda y la Bernarda llegó desde su pueblo y su gente, la nueva generación de flamencos de Utrera.
Dios las tenga en la misma gloria que ellas nos legaron en vida.

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