Si se levantara el de la pistola...
Repasando la historia del Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922, he recordado una anécdota que me hace cavilar como hemos cambiado en el último siglo y lo educado y respetuoso que es el público flamenco contemporáneo. Hemos llegado a aplaudir, los gallinazos, las salidas de tonos y hasta las sinvergonzonerías de algunos artistas, presentadores, jurados y críticos, hasta levantarnos de la silla echando humo con las palmas de las manos, nos lo tragamos todo, con perdón, pero no siempre fue así.
Cada una de las sesiones del concurso granadino fue presentada por Federico García Lorca, la segunda, y nuestro protagonista, el extenso escritor Ramón Gómez de la Serna, la primera. Precisamente Ramón deja escrito el siguiente suceso acaecido en el momento de la deliberación del concurso:
Ahora este Jurado que ha trabajado tanto y que hasta ha animado a los cantaores dándoles de beber el jerez viejo en la copa graduada en que hay que calcular lo que conviene a cada uno para que su voz se despierte, se va a reunir para decidir los premios, labor difícil y comprometida, pues éste no es un Jurado que, como el de pintura, no corra peligro; este corre peligro de ser navajeado, pues todas las pasiones jondas son terribles, y este publiquito se las trae. A mí mismo me han contado que mientras lanzaba mi conferencia, uno del auditorio con una pistola en la mano y apuntándome, decía a los amigos de su grupo: -¿Qué...? ¿Lo mato ya...?
Vaya, tampoco es eso, pero un "chiflío" de vez en cuando no hace mal a nadie, ¿no?
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