Lágrimas de pena inundan el barrio de Santiago. De un tiempo a esta parte, ¡qué mala estrellita guía a los flamencos! No terminamos de velar a un grande cuando del escenario al cielo nos abandona otro. Si a Terremoto hijo le quedaban cientos de seguiriyas que tirarnos a la cara, a Manuel Moreno Junquera le sobraba compás para seguir regalando una buena temporá.
Nos deja el cuerpecito moraito como un lirio, a compás de tientos camaroneros y sin remedio para nuestros martirios pero con media mueca de alegría en el rostro recordando sus pataitas por bulerías, sus acordes rasgueados a contratiempo que sabían a solera jerezana.
Nació flamenco, entre flamencos y con el sonido gitano enredado entre sus dedos. Gloria al pulgar de Moraito, ¡gloria! Su impronta guitarrística tiene el sello del toque jerezano de Parrilla, y su música conceptual evolucionó sin salirse de su tierra, el mismo toque, pero nuevo.
Toda un dinastía flamenca se concentraba en Manuel que deja en herencia a su hijo, Diego del Morao, que sabrá honrar la clase de su padre y de toda su gente ya que está sobrado de talento y pasado de conocimientos.
Soy un adicto al cante jerezano, al cante que desde hace mucho tiempo acompaña Manuel, a todos los cantaores, a toda Jerez, a todos los adictos. Todo el cante de tu tierra del mismo color, del color morado, del color de la fantasía, de lo sensible, de la magia...tu color, Manuel. Adiós "Moraito".