EL Fillo y la Feria de Mairena



Para gran parte del personal es incompresible dedicar su tiempo y, en ocasiones su dinero, en investigar, buscar y estudiar un determinado asunto que como única finalidad y compensación tiene el conocimiento y entendimiento propio y la divulgación del mismo.

Eusebio Pérez Puerto es un hombre locamente enamorado de la tierra que lo abrazó al nacer, Mairena del Alcor, y lleva una vida dedicada a todo aquello que tiene que ver con la cultura e historia autóctona, ya sea popular o religiosa, por suerte para los maireneros, ya que a él se le deben numerosos datos históricos imprescindibles para entender la idiosincrasia de este peculiar pueblo.

Hace unos días y con motivo de la celebración de la 570 Feria de Mairena publicó en una gaceta local un artículo relacionado con el flamenco y la nombrada villa, en que relata las peripecias del cantaor decimonónico, Antonio Ortega, El Fillo, durante los días de Feria en Mairena.

Existe constancia que ya desde el mediados del siglo XVIII los artistas del protoflamenco recorrían las fiestas de los pueblos representando sus bailes y cantes. Teniendo en cuenta que la feria de ganado mairenera tenía fama internacional por la cantidad de negocio que en ella se llevaban a cabo, con el consiguiente movimiento económico que generaba, no era de extrañar que los mejores artistas de la capital se buscaran la vida en este pueblo durante el mes de abril de cada año.



En 1983 se publica en el diario sevillano El Porvenir la siguiente anécdota sobre el discípulo de El Planeta y amante de La Andonda:

"Cuentase que el afamado cantaor El Fillo fue en compañía de un su compadre, á la feria de Mairena, pasando todo el primer día de paseo y de broma.
Llegada la noche y teniendo ganas de dormir, buscaron posada y le fue imposible encontrarla.
Cansados de andar por las calles, dijo de pronto El Fillo.
-Compadre venga V. conmigo; vamos a pasar una noche de príncipes.
-¿Dónde?
-Ya lo vera V. y me dará las gracias.
Sin hablar más recorrieron varias calles, salieron del pueblo y llegando a un olivar subió el cantaor moronero a un árbol, se sentó como pudo y dijo:-Compadre suba V. y cierre la puerta. Ea, buenas noches.