Gracias por asomarse



¡Por fin! Ya echaba de menos un ratito en Trabilitran. La verdad es que, entre cenas de empresa, de amigos, de flamenco, de familia, compra de regalos, licores, comidas, árbol de navidad, resaca, amigos invisibles, tiendas, Papa Noel, Reyes Magos y villancicos no hay quién se siente con el portátil ha disfrutar del mundo flamenco en la red.

Esta tarde que barrunta agua, antes que acabe el año, tengo la intención de repasar la corta vida de este blog, que tantas alegrías me está proporcionando, así como todo lo que ha acontecido en estos, apenas, 9 meses de edad.

Casi 11.000 visitas a Trabilitran, desde que a mediados de abril me decidiera a contar mis cosas flamencas en internet, me parecen toda una hazaña, y me causa, además de emoción, un sentimiento de responsabilidad enorme por el respeto que le tengo a todos los lectores, entre los cuáles cuento con auténticos eruditos en la materia jonda, mucho más ilustrados que este aprendiz de aficionado al que el flamenco tiene majara.

Lo cierto es que, durante el tiempo que lleva la ventana de Trabilitran de par en par, no ha faltado de qué escribir. Un año repleto de noticias flamencas de gran relevancia, que como el mismo arte, están manchadas de alegría, de pena y de tragedia.

Conocimos el nombramiento de Antonio Mairena como hijo predilecto de la provincia de Sevilla mientras se celebraban los centenarios de Borrico de Jerez, Corruco de Algeciras, Rafael El Gallina y Joselero de Morón, un siglo que nacieron, y medio que muriera uno de los puntales de la catedral flamenca, Manuel Vallejo, Fernando Fernández Pantoja, Terremoto Hijo, no aguantó más y se fue a escucharlo por granainas, luto negro en Jerez y en los corazones cabales.

En un colegio de Boston nombran a Francisco Sánchez Gómez, Doctor “Honoris cusa” porque la guitarra flamenca no entiende de lindes ni linderos, y encima, Paco el de la Lucía nos regala una gira que el tiempo dirá si es la última ocasión para disfrutar del mejor de todos los tiempos.



Diego Clavel, Manuel Bohórquez o Tomatito recibían sus premios de la Cátedra de flamencología, los festivales de verano pedían limosnas por las calles para no perder la tradición cultural en los pueblos, algunos sin suerte. Miguel Poveda, poquito a poco, se va convirtiendo en el cantaor de esta nueva época, y además con todo merecimiento.

La muerte, que va por libre, decide subirse al cielo de los cabales a Ildefonso Pinto, que se cuidó de dejar su herencia cantaora en vida a todo onubense con sangre en la garganta, y siguen los festivales, Mont de Marsan, Mairena del Alcor, Potaje de Utrera, y nuevas e imberbes voces nos alegran el alma, Kiko Peña o Rocío Luna como ejemplo.

¡Que se pare el mundo! Bienal de flamenco de Sevilla, los teatros llenos, las críticas vacías. Compás de espera, la panacea parece que llega. Y llegó, ya somos Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad y, al mismo tiempo, competencia exclusiva de la Junta de Andalucía, ¡coño, que lío! A todo ésto, Camarón cumpliría 60 años y Carlos Saura se repite, “Flamenco, flamenco”, para fundir el arte de la fotografía con el arte gitano-andaluz-murciano-extremeño, quiero decir español.

Encima, los cantaores de la primera trabajadera, de los últimos 50 años de procesión, están cansados. Calixto se ve fuera, Fosforito mudo, Lebrijano olvidadizo, Meneses ensimismado, y para colmo, la voz ronca del genio granadino, Enrique Morente, se apagó entre pitidos de UCI, para dejar sin aliento ni esperanza a muchos amantes del cante grande.

Mucho en muy poco.


Y en este tiempo, no he dejado de aprender, disfrutar y valorar todo lo que ofrece el mundo del cante, el toque y el baile flamenco, en una experiencia vital en la que todos vosotros formáis parte, así que no puedo más que inclinarme y mostrar mi agradecimiento, invitándoos a que se asoméis a este rinconcito de arte para seguir compartiendo los sentimientos jondos del mundo flamenco.

FELIZ 2011