
No suelo escribir valoraciones sobre las opiniones que los, más o menos, aficionados al flamenco vierten en las distintas tribunas informativas. Pero me voy a saltar esa costumbre porque me hierve la sangre y además me da la real gana.
Esta columna se ha publicado el día 1 de diciembre, o sea ayer, en la edición digital de ABC(http://www.abc.es/20101201/opinion-colaboraciones/valderrama-miguel-poveda-20101201.html), desconozco si también en papel, por el periodista Antonio Burgos, en el que para alabar la figura del enorme artista Miguel Poveda, escupe “lindeces” como éstas:
"Confieso que en flamenca materia mis gustos van por el mentado lado de Valderrama, y de Pepe Marchena, y de Vallejo, y sobre todos de Caracol, y si me apuran hasta de Angelillo inaugurando fábricas de caramelos en su garganta al cantar por colombianas. Con todos esos cantaores queridos me encontré en la voz de Miguel Poveda. Y otros más lejanos de mis gustos, como el academicismo de Antonio Mairena, pontífice máximo e inquisidor del cante que valiéndose de los ayuntamientos del franquismo puso para sí mismo una Agencia Personal de Desarrollo Flamenco, como el Polo Industrial de Tobalo, de la dictadura única de la soleá y la seguiriya y la condena eterna del cante payo del maestro Marchena."

He trascrito el comienzo del párrafo para no inducir al lector a pensar que están tergiversadas o fuera de contexto las afirmaciones sobre la persona de Antonio Cruz García, Antonio Mairena. Por cierto, comparto algunos ídolos flamencos con el autor de las preciosas habaneras de Cádiz.
El señor Burgos, que tan bien escribiera de Mairena en una época ya lejana, no pierde ocasión cuando escribe de flamenco para lanzar comentarios despectivos y ofensivos contra el maestro de Los Alcores. A veces haciendo referencia al peluquín utilizado cuando acompañaba a Antonio "El bailarín", otras, arremete con la tardía edad con la que Mairena llega a primera figura, datos intrascendentes en la obra y vida del, posiblemente, cantaor más importante en la historia del flamenco, y no digo el mejor, sino el más importante.
Pero en esta ocasión de esa cabecita han salido las expresiones; "...inquisidor del cante que valiéndose de los ayuntamientos del franquismo puso para sí mismo una Agencia Personal de Desarrollo Flamenco..." ¡Inquisidor! Como si Antonio tuviera capacidad de castigo jurídico o quemar en la hoguera a nadie. Y lo de los ayuntamientos franquistas. Que digo yo, ¿Antonio no era el cantaor del socialismo?, ¿en qué quedamos?, y además, ¿qué potestad era la del genio gitano y mairenero para que los ayuntamientos lo complacieran con tan diligente obediencia?. Dictadura de la soleá y la seguiriya, coño, también dictador, eso sería porque mandaría a sus militares a las casas de los aficionados para que acudieran a sus miles de recitales en peñas, ¿no?, ese niño de Rafael que nunca grabara bulerías, tientos, tangos, cantiñas, fandangos, tonás, farruca, malagueñas, tanguillos...

Y la condena a Pepe Marchena, del que colocó en su propia Casa del Arte Flamenco en Mairena un cuadro, parece que los aficionados del siglo XXI se la han indultado.
Y es que, Don Antonio Burgos, por más que a usted ahora le diera por echar pestes de Juan Valderrama, José Tejada Martín o Manolo Caracol, la historia los seguiría considerando enormes artistas, maestros de maestros. Y si vanagloriara a Antonio Mairena, su opinión no le daría su sitio en el Olimpo de los dioses flamencos, porque su obra, su legado, no necesita de sus opiniones parciales y subjetivas.
Lo siento maestro Burgos, pero a los aficionados de hoy no los engaña usted, ni nadie.