Pesao con disfrazar el flamenco


En plena borrachera cultural inmaterial me propongo a comentar la gala flamenca que el pasado lunes, la nuestra, Canal Sur, emitió desde el teatro Quintero.

He dejado transcurrir un tiempo prudencial para enfriar el acaloramiento que me produjo tal espectáculo.

Cualquier evento público (dirigido a) está sujeto a valoración pero cuando se financia con dinero público (parné de todos) y en aras de promover la candidatura del flamenco en la UNESCO, mucho más.

Con algunos momentos de mucha flamenquería, como el baile de Rocío Molina que destacó incluso con las trabas del cante de La Tremendita o el cuadro de Pastora con su exageración elegante de lo que fue el baile gitano del barrio de Triana, hipérbole con gusto y técnica, la mayor parte de la gala resultó insulsa, poco representativa y por momentos ridícula.

Desde luego que no seré yo quién decida qué y qué no, es flamenco, pero por supuesto que lo allí representado es una pincelada finísima de lo que este arte atesora.
El repertorio se basó en rumbas, tangos, fandangos y bulerías casi en su totalidad, olvidando los cantes por soleá, seguiriyas, tonás, malagueñas, granainas, peteneras, cartageneras, tientos, soleá por bulerías, cantiñas, praticamente, el grueso que conforma el universo de lo jondo.

Los recuerdos de un Camarón cantando "Soy gitano" rompiéndose, más que la camisa, las cuerdas vocales y las imágenes de un Toronjo perjudicado, poniendo de relieve, ¡de nuevo!, la relación entre borrachos y flamencos, fueron ciertamente desafortunadas.

Los pesos gordos pasando de puntillas por los cantes, y los nuevos valores buscando el impacto visual y el golpe comercial soñado.

Y para rematar el cuadro, una mijita de rap, con dos huevos, si querían alguien fashion podían a ver tirado de Pitingo que gasta gafas de ese calibre y mucho más pero hace el cante por malagueñas o soleá, aunque para no desentonar cantaría algo de los Beatles con un poquito de soul.

Mi crítica no va contra las nuevas fronteras por cruzar, sino contra la utilización maquillada del flamenco, en busca de una popularización interesada y mercantilística de un arte con mucha hambre pasada, que le canta a la muerte, la tragedia, el amor y la vida con acento andaluz pero con leguaje universal, el que comprende toda la humanidad.

La UNESCO por bulerías


Esta organización para la educación, la ciencia y la cultura de Manos Unidas acaba de declarar al flamenco, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, noticia que nos llena de orgullo y felicidad, y que nos confirma que teníamos razón los amantes fogosos de este arte. Es como si nos dijeran que nuestra novia es la más guapa del mundo, aunque seguimos sin tener claro en qué redundará tanto piropo internacional.

Tanto impacto en la comunidad flamenca saca a relucir nuestros complejos, como si el arte jondo permaneciera en la cueva andaluza, con la de años que entra en los mejores teatros del mundo con la naturalidad de Pedro en su casa.
Parece que esta declaración obliga a las instituciones a su preservación, investigación, promoción y divulgación pero no sé porqué en este asunto no va a variar mucho la cosa, espero equivocarme.

¡Cómo se alegrarían aquellos artistas que tanto y tanto lucharon por la dignificación de un arte borrachón, de malas tripas y peor corazón!

Felicidades a todos los flamencos, aficionados, estudiosos, divulgadores, críticos, presentadores, historiadores, músicos...porque al final, la UNESCO se metió a compás de bulerías y no nos salió por peteneras