
Casi desde el principio de los tiempos flamencos, tanto los artistas como los que curiosos se acercaban a este arte, han recurrido a los tópicos para venderse o venderlo. Una serie de clichés fijos que poco a poco se han ido admitiendo como conceptos ciertos y reales. Tal es el caso de la gracia, el cachondeo y la guasa de los flamencos. Pero los aficionados y conocedores de este arte jondo tenemos un concepto del cante, del toque y del baile que supera estas trivialidades, situándolo en la esfera propia del arte, con una carga emocional y artística de un nivel extraordinario, asunto que dificulta su ejecución incluso por la mayoría de músicos de otras disciplinas.
Sin embargo, y desde nuestra misma tierra y con nuestro propio dinero, dinero público que es nuestro, se sigue fomentando estos estereotipos de flamencos bufones con ange. Me refiero a la tertulia que en canal sur radio el señor Vigorra organiza cada semana entre grandes artistas pero en busca del chiste y la burla. La profesionalidad de Jesús está fuera de discusión y mi admiración como periodista viene desde su programa literario en televisión cargado de dinamismo, buen hacer y cultura. Incluso he de reconocer que cuando Tío Chano Lobato junto con la señora eterna del baile Matilde Coral se enzarzaban en aquellas conversaciones de siglos de gracia y flamenquería disfruté como un niño, pero ya está bien.

Si quieres guasa no hace falta recurrir a los flamencos, que la hay, pero también entre los camareros, y si no date una vuelta por Triana, o entre los pescaeros de la plaza de abastos de la Encarnación.
Recurrir a profesionales que han significado tanto en el flamenco para que den una opinión ingeniosa del Fondo Monetario Internacional o del plan Ibarexte es rebajar el arte a entretenimiento. Imaginen que justo el mismo programa se realizara en una emisora catalana o vasca, nos romperíamos las vestiduras defendiendo a nuestro arte y a nuestros artistas, pensando que se ríen de nuestra cultura general y musical. Lo peor es que se dan patás por conseguir una silla, desde luego es el único ratito que tenemos flamencos en la radio. Pero que nadie se equivoque en este mundo jondo viven miles de profesionales serios y consecuentes con su arte, con su cultura que viven para expresar, y expresan para vivir con el flamenco como lenguaje vital, en muchos casos hipotecando sus vidas, esto sí que tiene gracia, ¡miarma!

