Mairena, además quitaba el sentío bailando


A nadie escapa la fama que Antonio Mairena tenía de hombre serio, sobre todo en situaciones en las que no se encontraba a gusto o sin confianza. Según me han contado algunos compañeros de profesión del propio maestro, era un artista extremadamente sensible, a veces cortado y para demostrar su arte delante de un público tenía que recurrir a amigos que lo acompañaran y siempre después de unas copitas, algo bastante habitual en la época por otra parte.
Pero cuando Mairena se encontraba libre sin presión, derrochaba gracia, simpatía y arte con todo su cuerpo. Mi padre siempre me dice que lo que Antonio hacía bien era bailar, desde luego el oído de mi padre tiene bastantes carencias (siempre era expulsado del aula de música durante sus estudios de magisterio por parte del profesor con la frase; señor Madroñal no estropee la clase y salgase por favor), pero no le falta razón cuando elogia las formas bailaoras de Mairena.
De hecho, al maestro dedicó gran parte de su vida a cantar “pa tras” a bailaores como Antonio o Carmen Amaya, lo que seguro le sirvió no solo para conocer los tiempos que sujetan el cante flamenco sino para robarle movimientos a los grandes bailaores de la época.


Durante la historia ha habido algunos cantaores con una gracia innata para el baile como el caso de Terremoto, Manuel Vallejo o Juanito Mojama del que según dicen Antonio copió los movimientos con el pañuelo alrededor del cuello que tanto gustaba de hacer.
Una lástima que no se registraran muchas imágenes del baile de Antonio, sobre todo teniendo en cuenta que se pegaba su pataita de forma asidua en casi cada recital, lo mismo por tango que por bulerías. Os regalo, ya que hoy es mi santo, un par de fotografías de Antonio Cruz bailando con una amiga, Antoñita, en la década de los 70, en la que se puede vislumbrar como se movía este flamenco de los pies a la cabeza y que nos hace pensar como vivió este arte el cantaor más importante parido en España