Ciclo: Flamenco y Poesía culta, en Trabilitran



Comenzamos en Trabilitrán un ciclo dedicado a la relación, cada vez más estrecha, entre el flamenco y la llamada poesía culta.
En esta serie de programas iremos analizando algunos discos en los que la poesía culta conforma la letra de los cantes.
Cómo aborda cada cantaor esta tarea y las diferencias con las letras de poesía popular, mayoritaria en la discografía flamenca.
Aunque, como escribió el literato español, Cansinos Assens, en su libro La copla andaluza,”…la musa erudita ha enriquecido siempre los tesoros de la lírica popular…” para constatar la relación histórica entre lo culto y lo popular.

En cada programa analizaremos un par de discos de los cantaores más representativos en este apartado, Enrique Morente, Calixto Sánchez, Carmen Linares, El Cabrero, Camarón de la Isla o Lole y Manuel serán protagonistas en distintos programas en una visión global del binomio poesía culta y flamenco
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En nuestra cita del sábado abordaremos dos trabajos bastante interesantes, uno del cantaor jerezano Vicente Soto “Sordera” titulado “Pessoa flamenco” y otro del maestro José Meneses con el nombre “A mis soledades voy, de mis soledades vengo”.

En el caso del santiaguero comprobaremos la adaptación al flamenco, de los textos de uno de los escritores más importantes de la vecina Portugal, Fernando Antonio Noriega Pessoa, con una extraordinaria personalidad que le hacía escribir con varios sobrenombres, con estilos lingüísticos distintos y hasta se criticaba a través de sus heterónimos, que es la denominación para esos personajes ficticios. Además, Vicente Soto es uno de los habituales a la hora de adaptar poesía culta al flamenco.
“A mis soledades voy, de mis soledades vengo” es un verso de Lope de Vega que el cantaor de la Puebla, Meneses interpreta por soleáy que da título a un espectáculo que el cantaor mairenista llevó a los escenarios durante un tiempo y terminó grabando en su actuación en el maestranza de Sevilla, enmarcada en la XIII bienal de flamenco.
En dicho espectáculo, Pepe Meneses canta con un estilo ortodoxo versos de escritores clásicos de siglo de oro de las letras, Luís de Góngora, Calderón de la Barca e incluso Miguel de Cervantes.
Dos estilos, dos estéticas que confluyen en un mar de la poesía culta, llevándose a su terreno flamenco los versos más leídos de la literatura mundial.

Rincones con solera: La Estrella de San Nicolás, restaurante



Después de una bonita visita nocturna a la Alhambra, caminé hasta la plaza nueva y dirigí mis pasos, a través del paseo de Los tristes, hacía El Albaicín, concretamente al mirador de San Nicolás.
La noche estaba clara y algo fresca, serpenteando entre callejuelas y placetas, llegué al famoso mirador desde el que se divisa la ciudad de Granada, el barrio del Sacromonte y, por supuesto, La Alhambra. En una esquina de dicha atalaya se situaba el restaurante, La estrella de San Nicolás, donde un compañero nos esperaba para una entretenida velada.
Justo antes de entrar, me llamó la atención que la casa tuviera nombre propio, y que además fuera Casa La Debla, de momento se me vino a la mente Tomás Pabón y su barrio de Triana.Una vez dentro un camarero nos llevó cruzando dos plantas, con unas seis o siete mesas en cada una, hasta un pequeño torreón con una sola mesa y salida a una coqueta terraza, desde la cual se divisaba de una forma mágica La Alhambra. Por un momento, creí escuchar los rezos moros, los cascos de los caballos por las callejuelas del Albaicín y hasta el llanto de Boabdil por la reprimenda de su madre tras perder Granada.


La cena resultó deliciosa. Aunque no soy un experto gastronómico, la carta de tan agradable restaurante era una mezcla entre la comida tradicional andaluza y la cocina moderna. Buena materia prima elaborada de una forma novedosa y una cantidad aceptable para aquellos comelones. El servicio correcto pero sin ser ridículo. Y como descubrí más tarde, con una perfecta relación calidad-precio.
En un momento dado bajé al baño que estaba en el piso intermedio, percatándome de unos cuadros flamencos con representaciones de Morente, Chocolate y La Piriñaca. Uff, parecía un restaurante diseñado a mi medida.

Al preguntar al metre(maître) que junto a su señora, ambos franceses y muy simpáticos, dueños del negocio, me informó que la casa donde estaba ubicada el restaurante había sido propiedad de Enrique Morente y que el nombre de Estrella de San Nicolás era por la hija de éste. De camino le pedí por favor si la música ambiental de George Michael que sonaba se podía cambiar por el cante de Enrique o Estrella, no lo tenía pero pinchó un cd de guitarra flamenca que no reconocí, pero imaginé que fuera Habichuela.
Buena conversación, vino de la tierra y con la Alhambra de testigo como vigilante para que toda sea del agrado del que visita este hermoso rincón con solera; La Estrella de San Nicolás.

Os dejo un albún con más fotos de este hermoso lugar en el corazón del Albaicín granadino.